Correo del ERI

Nuestro carisma y nuestra misión como Movimiento son por sí mismos inagotables, a pesar de su simplicidad y la claridad de su objetivo: ayudar a los matrimonios a recorrer el camino de la santidad.

Se ha discutido mucho en los últimos tiempos en el interior del Movimiento sobre el sentido de nuestra misión en la Iglesia de hoy. Esto se corresponde con las recientes llamadas del Papa Francisco en sus mensajes a las familias.

En su etimología, la misericordia se identifica con el “corazón”, un corazón dispuesto y abierto a acoger sobre todo a quienes no se consideran dignos de ser amados. Decir que Dios es misericordioso significa que su amor nos precede, que El no desiste de nosotros. Que nos ama como si fuésemos su “bien”, porque El nos ama por lo que somos y no por lo que nosotros le podamos dar a El.

El fundamento del matrimonio cristiano es la relación de los esposos que se aman, es decir, que se desean el bien recíprocamente, por lo que son y no por lo que pueden dar. El sacramento purifica el amor humano, que contiene en sí la marca de la eternidad, de lo definitivo y lo eleva al nivel de signo del amor entre Cristo y la Iglesia: el esposo representa a Cristo y la esposa representa a la Iglesia.

Como bien sabéis, no es la primera vez en la historia que la Iglesia recuerda a sus hijos la Misericordia de Dios. Hacia finales del siglo XVII Santa Margarita María de Alacoque recibió la revelación del Sagrado Corazón de Jesús : pleno de bondad y de Misericordia por el pecador, Él llama a la reparación, es decir a reconocer que existimos porque un Amor nos precede...

En el contexto providencial que vivimos, marcado por el recuerdo de la conclusión del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1965, hace cincuenta años, y además por la proximidad del Sínodo de los Obispos sobre la familia, quisiera, en esta carta, compartir con vosotros la esperanza que nuestro Movimiento me da para el futuro de la familia cristiana en la Iglesia...

« ¡Esta palabra es dura! ¿Quién la puede escuchar ?» (Jn 6,60), fue la reacción de muchos de los discípulos a las palabras de Jesús después de la multiplicación de los panes.

En las cartas anteriores os escribí sobre cómo he mantenido como tema de fondo durante estos años, la atención sobre dos puntos concretos de esfuerzo de la metodología espiritual de nuestro Movimiento, a saber, el deber de sentarse y la oración conyugal.

En la Escritura, encontramos esta frase: pongo delante de vosotros dos caminos: el camino de la vida y el camino de la muerte (cf. Dt 30, 19). Seguid el camino de la vida y viviréis, mientras que el otro aunque parezca fácil y atractivo, nos aleja de nosotros mismos y nos conduce a la muerte...

Discernir los caminos por los que renovar la Iglesia y la sociedad en su compromiso por la familia basada en el matrimonio entre hombre y mujer;

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