Meditación

Frères, ne prenez pas pour modèle le monde présent, mais transformez-vous en renouvelant votre façon de penser pour discerner quelle est la volonté de Dieu : ce qui est bon, ce qui est capable de lui plaire, ce qui est parfait..............

«Yo no os dejaré huérfanos» (Jn 14, 18).
La misión de Jesús, culminante en el don del Espíritu Santo, tenía este objetivo esencial : restablecer nuestra relación con el Padre, herido por el pecado ; sacarnos de la condición de huérfanos y convertirnos en hijos..

Hoy’nuestro Señor Jesucristo subió al cielo ; que nuestro corazón suba con El al mismo lugar. Escuchemos lo que nos dice el Apóstol: Vosotros habéis resucitado con Cristo. Buscad entonces las realidades de lo alto: es allí donde Cristo se encuentra sentado a la derecha del Padre. El objetivo de vuestra vida está en lo alto y no en la tierra.

La resurrección no nos es propuesta como un descanso en la larga beatitud de las complicaciones de la tierra, ni como una recompensa individual y caramente adquirida, ni como un mirage rechazado en el futuro de una explosión cósmica. Es un don, sí, pero desde ahora y desde aquí abajo.

Padre eterno,
Por medio de la Pasión de tu amado Hijo,
has querido revelarnos tu corazón
y darnos tu misericordia.

En el mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma, hay dos aspectos que me parecen particularmente importantes para nosotros hoy: lo otro es un don; para vivir bien el presente, es preciso ver con la mirada de la eternidad.

El llamado a la conversión está presente desde las primeras exhortaciones de Jesús: « Convertíos y creed en el Evangelio » (Marc 1,15), pero se siente más fuertemente en el tiempo de Cuaresma.

Dios amó tanto al mundo que le dió a Jesús (Jn 3,16). Hoy, El ama tanto al mundo que nos da al mundo, tú y yo, para que seamos su amor, su compasión y su presencia por una verdadera vida de oración, de sacrificios, de abandono.

Con respecto a la «victoria» entendida de modo triunfalista, Cristo nos sugiere un camino muy distinto, que no pasa por el poder y la potencia. De hecho, afirma: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9, 35).

...Al encarnarse, el Hijo de Dios se manifestó como luz. No sólo luz externa, en la historia del mundo, sino también dentro del hombre, en su historia personal. Se hizo uno de nosotros, dando sentido y nuevo valor a nuestra existencia terrena. De este modo, respetando plenamente la libertad humana, Cristo se convirtió en "lux mundi, la luz del mundo". Luz que brilla en las tinieblas (cf. Jn 1, 5).

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