Meditación

La resurrección no nos es propuesta como un descanso en la larga beatitud de las complicaciones de la tierra, ni como una recompensa individual y caramente adquirida, ni como un mirage rechazado en el futuro de una explosión cósmica. Es un don, sí, pero desde ahora y desde aquí abajo.

Padre eterno,
Por medio de la Pasión de tu amado Hijo,
has querido revelarnos tu corazón
y darnos tu misericordia.

En el mensaje del Papa Francisco para esta Cuaresma, hay dos aspectos que me parecen particularmente importantes para nosotros hoy: lo otro es un don; para vivir bien el presente, es preciso ver con la mirada de la eternidad.

El llamado a la conversión está presente desde las primeras exhortaciones de Jesús: « Convertíos y creed en el Evangelio » (Marc 1,15), pero se siente más fuertemente en el tiempo de Cuaresma.

Dios amó tanto al mundo que le dió a Jesús (Jn 3,16). Hoy, El ama tanto al mundo que nos da al mundo, tú y yo, para que seamos su amor, su compasión y su presencia por una verdadera vida de oración, de sacrificios, de abandono.

Con respecto a la «victoria» entendida de modo triunfalista, Cristo nos sugiere un camino muy distinto, que no pasa por el poder y la potencia. De hecho, afirma: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9, 35).

...Al encarnarse, el Hijo de Dios se manifestó como luz. No sólo luz externa, en la historia del mundo, sino también dentro del hombre, en su historia personal. Se hizo uno de nosotros, dando sentido y nuevo valor a nuestra existencia terrena. De este modo, respetando plenamente la libertad humana, Cristo se convirtió en "lux mundi, la luz del mundo". Luz que brilla en las tinieblas (cf. Jn 1, 5).

Un día llegará en que Dios se mostrará, Un día verá el fin de nuestras luchas, Primavera de gloria para las llanuras de la muerte, Su vida gloriosa elevará los cuerpos, Y Dios vivo será por siempre El corazón de un modo abierto al amor.

Reina de todos los santos, gloriosos Apóstoles y Evangelistas, Mártires invencibles, generosos Confesores, sabios Doctores, ilustres Anacoretas, devotos Monjes y Sacerdotes, Vírgenes puras y piadosas mujeres, me regocijo de la gloria inefable la cual habéis sido elevados en la Reino de Jesucristo nuestro divino Maestro.

Dios dijo: pareja cristiana, eres mi orgullo y mi esperanza. Cuando creé el cielo y la tierra, y en el cielo las grandes luminarias, vi en mis criaturas los vestigios de mi perfección, y encontré que esto era bueno. Cuando he recubierto la tierra con su gran manto de campos y de bosques, vi que esto era bueno.

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