Pareja de Enlace de la Zona América
Somos Cristiane y Luiz Antonio Brito, nacidos en Brasil, en el estado de São Paulo, en la ciudad de São José dos Campos. Llevamos 36 años de casados, tenemos dos hijas, dos yernos y dos nietos preciosos que son la alegría de nuestro hogar. Iniciamos nuestra misión de pareja de enlace de la Zona América en el Equipo Responsable Internacional en el Encuentro de Turín en 2024 y desde el primer momento os pedimos que jamás olvidéis orar por todo este equipo, pidiendo el don del discernimiento, la fortaleza y la perseverancia durante todo el período de nuestra misión. Cristiane es empresaria y tiene tres tiendas del sector de cosmética en nuestra ciudad junto con nuestras hijas, que son socias. Brito es ingeniero y divide su tiempo entre trabajos de ingeniería y clases en el grado y el posgrado en una universidad. Seguimos profesionalmente muy activos.
Comenzamos nuestro camino en los Equipos de Nuestra Señora en mayo de 1999; en 2001 fuimos pareja responsable de equipo, luego pareja de enlace, y finalmente pareja responsable de Sector y Región, misión que finalizamos en 2013. De 2014 a 2018 formamos parte del Equipo de la Super-Región Brasil, donde nos encargamos de la comunicación; de 2018 a 2022 colaboramos en el Equipo Internacional de Animación de los Intercesores y coordinamos el Consejo Editorial de la Super-Región Brasil, que realizó una revisión de varios documentos, como los manuales de pareja de enlace, pareja responsable de Equipo, Sector y Región. En la actualidad, como ya hemos dicho, formamos parte del Equipo Responsable Internacional como pareja de enlace de la Zona América. Así pues, desde que entramos en el Movimiento estamos en misión, y todas estas llamadas son para nosotros un regalo de Dios, al que le damos gracias en todo momento por estas oportunidades.
Paralelamente a nuestras misiones en el Movimiento, trabajamos en nuestra parroquia en el encuentro de preparación para el matrimonio desde 2002 hasta ahora, y como ministros de la Sagrada Eucaristía entre 2005 y 2022, sirviendo en las misas, llevando la Eucaristía a las casas de los enfermos y a los hospitales. Por ello nos gustaría compartir con vosotros en este espacio un poco de esta experiencia sobre la importancia de la disponibilidad para la misión en los Equipos de Nuestra Señora. La misión es una realidad para todos los que están en el Movimiento; si la llamada aún no ha llegado, no os preocupéis, porque llegará, ya que toda responsabilidad en el movimiento tiene fecha de inicio y de fin. Existe una rotación de parejas que ejercen las funciones, de modo que todos, en algún momento, serán llamados.
Al inicio de estas diversas llamadas, nuestra principal duda era por qué nosotros recibimos esta misión y no otras parejas que creíamos, y aún creemos, más preparadas y más capacitadas que nosotros. En los primeros llamamientos a las misiones que ya hemos relatado, como buenos equipistas, acudimos al sacerdote consejero espiritual de nuestro equipo, que calmó un poco nuestro corazón. Nos propuso una reflexión basada en el pasaje de Jn 15,16: «no sois vosotros los que me elegisteis, sino yo quien os elegí», y nos preguntó: «en lugar de preguntaros por qué vosotros, preguntaos por qué no vosotros». Esta reflexión nos tocó profundamente: ¿por qué no nosotros?; ¿qué nos impediría aceptar el servicio? Entonces entró en juego nuestra humanidad y elaboramos una larga lista de motivos para no aceptar la llamada. Pero tras un período de reflexión y, sobre todo, de oración y Eucaristía, nuestras excusas fueron cayendo una a una. No había nada que nos impidiera asumir las responsabilidades a las que éramos llamados. Aprendimos en ese período que si un problema es demasiado grande para que uno lo resuelva, si escapa a nuestras capacidades, deja de ser nuestro y pasa a ser de quien es capaz de solucionarlo; y como está escrito en Mt 9,26: «para el hombre es imposible, pero para Dios todo es posible». Desde entonces entregamos nuestra misión y nuestros impedimentos a Dios. En oración decimos: «aceptamos la misión a la que nos has llamado en tu Iglesia, pero por favor, ayúdanos con lo que no podemos resolver». Como dijimos al principio, seguimos siendo activos profesionalmente, y siempre entregamos nuestros compromisos profesionales a Dios; Él cuida de nuestra agenda. Dios es misericordioso, Dios no abandona a nadie; Él nos lo prometió en Mt 28,20: «Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
Surgió también para nosotros otra reflexión, procedente de un editorial de la Carta Mensual escrito en 1964 por el Padre Henri Caffarel: «Más modestamente, quiero invitar a cada uno a preguntarse: ¿Por qué entré en los equipos? ¿Para recibir o para dar?» Este fragmento nos ayudó en la cuestión del «¿por qué no yo?» a la que ya nos hemos referido. Pero al profundizar un poco más se nos planteó otra cuestión: nuestra responsabilidad cuando asumimos algo en el Movimiento, con los que aquí están y con los que nos precedieron, estén aún en nuestra convivencia o no. Hoy, si lo pensamos bien, es relativamente cómodo ser equipista: basta nuestra dedicación y esfuerzo. Nuestro Movimiento posee varios niveles de responsabilidad, cuenta con una norma de traspaso del servicio muy bien definida, tiene una metodología propia para las reuniones mensuales, dispone de documentos formativos que nos preparan para nuestro camino hacia la santidad, recibimos temas de estudio anuales, incentivos para profundizar en los puntos concretos de esfuerzo y se ofrecen numerosas oportunidades de formación en el ámbito de la Iglesia y del Movimiento. Pero ¿y los que nos precedieron? ¿Os habéis imaginado lo difícil que fue construir todo esto? ¿Habéis pensado en lo que supuso enfrentarse a una nueva forma de ver el matrimonio dentro de la Iglesia, la espiritualidad conyugal? ¿Habéis pensado cuántos se rindieron, pero sobre todo cuántos perseveraron? Precisamente por respeto a quienes perseveraron, debemos pensar también en aportar nuestra parte al Movimiento y no sólo en recibir. Si no hubiera sido por la gran dedicación de muchos pioneros, simplemente hoy no existirían los Equipos de Nuestra Señora; y también es gracias a nuestra dedicación que otros estarán en el Movimiento en el futuro. ¿O acaso alguien piensa permitir que el Movimiento acabe o se debilite en su país por no estar dispuesto al servicio, por no estar dispuesto a asumir una misión de Pareja Piloto, Responsable de Sector y Región o cualquiera otra de las diversas oportunidades que el Movimiento nos brinda?
La misión también implica oración, el discernimiento de lo que Dios quiere de nosotros. Aceptar una misión no es dejar de ser equipista, no nos libera de los retiros, de la oración, la meditación, la lectura de la Palabra y sobre todo de la Eucaristía; al contrario, nos compromete aún más. Los puntos concretos de esfuerzo son una herramienta poderosa que recibimos de nuestro Movimiento para discernir la voluntad de Dios. Recordemos que no fuimos nosotros quienes elegimos la misión que asumimos, sino que Dios nos eligió para esa misión; que Dios hace posible nuestra participación en ella, que Dios nos sostiene en nuestros miedos e inseguridades, y lo hace para que se cumpla Su voluntad y no la nuestra. Y para conocer la voluntad de Dios, solo con la oración, la meditación y la Eucaristía, podremos entregarnos a la acción del Espíritu Santo para que la misión dé fruto.
Podemos recordar también otras palabras del Padre Henri Caffarel, que ya animaba así a los Equipos de Nuestra Señora en 1959 con su peculiar radicalidad: «Con más convicción aún que el día en que lo escribía por primera vez, pienso que los Equipos de Nuestra Señora no deben ser un refugio para adultos, sino cuerpos de guerrilleros compuestos únicamente de voluntarios, cuyos miembros buscan ardientemente profundizar en su cristianismo, a fin de vivirlo sin ponerlo en peligro ni en la familia, ni en la profesión ni en el mundo». Os pedimos que reflexionéis acerca de estos dos conceptos, de forma madura, quizás en un momento de sentada: refugio de adultos y voluntarios. Pensad en estas dos opciones: ¿cuál agrada más a Dios? Y al final de esta reflexión que compartimos con vosotros, os dejamos una convicción que hemos construido durante este tiempo en misión: «el sí puede ser difícil, pero el no es imposible».
Un gran abrazo a todos, contad con nuestras oraciones. Quedaos con Dios.
Cristiane y Brito, Pareja de Enlace de la Zona América del Equipo Responsable Internacional
El Consiliario Espiritual de los Equipos en la enseñanza de los Papas – II
En la carta de diciembre 2025, les proponía iniciar una lectura de las palabras de los últimos Papas dirigidas a los consiliarios en sus mensajes a los Equipos de Nuestra Señora.
En esta carta continuamos con el Papa Paulo VI, leyendo su mensaje dirigido a los Equipos de Nuestra Señora el 22 de septiembre de 1976, en la audiencia a los participantes en el V Encuentro Internacional reunido en Roma. Recordemos el tema de este encuentro: “Los Equipos de Nuestra Señora en el servicio de la Evangelización”.
Inmediatamente, después de destacar la importancia del carisma del Movimiento y, además, de animarlo a “seguir siendo” fiel a su vocación como “escuelas de espiritualidad conyugal” fieles al Magisterio de la Iglesia, el santo Padre Pablo VI se dirigió a los consiliarios en estos términos:
A los consiliarios de los equipos, “los exhorto yo, coresbítero, testigo de los sufrimientos de Cristo y participante de la Gloria que ha de revelarse” (1 P 5,1). No dudéis en ofrecer lo mejor de vuestra competencia, de vuestras energías y de vuestro celo pastoral, a este campo apostólico privilegiado. Hallaréis en el mismo una parcela de la Iglesia, de la que vosotros sois pastores. No caigáis en la tentación de pensar que vuestro trabajo pastoral se limita a un pequeño grupo de cristianos. Vuestra labor se multiplicará por la influencia de tantas parejas. Vosotros los ayudáis a profundizar en su vida cristiana; que la vuestra se profundice en igual medida.
- “A los consiliarios de los equipos, ‘los exhorto yo, anciano como ellos, testigo de los sufrimientos de Cristo y partícipe de la gloria que está para manifestarse’ (1 P 5, 1).”
Este texto bíblico podría considerarse simplemente un gesto amable del santo Padre. Pero también es posible ver en éste un mensaje que quiere dar a los consiliarios.
Veamos lo que dice Pedro a los ancianos. Al final de esta carta, incluíyéndose a si mismo entre los ancianos, Pedro les exhorta a apacentar las Iglesias locales como buenos pastores. Recordándoles que su autoridad pastoral para guiar, instruir y proteger el rebaño a su cuidado se deriva de la suprema autoridad de Cristo “el soberano pastor” (5, 4). Además, como responsables del bienestar de la grey del Señor, le advierte a los presbíteros que no abusen de su autoridad con rencor, avaricia u opresión (5, 2-3). Deben ejercer este servicio «de buena gana» y no como un deber pesado. Del mismo modo, no deben estar motivados por la «codicia», sino por el deseo de servir la comunidad (5, 2b).
Por último, y lo más fundamental, los presbíteros no deben «dominar sobre» aquellos que les han sido confiados, sino ser modelos o ejemplos para la comunidad. A través de la forma como los presbíteros ejercen su liderazgo, pueden dar testimonio de los sufrimientos redentores de Cristo (5, 1). La recompensa que se les ofrece es la misma visión que atrae a toda la comunidad hacia el futuro: «la corona de gloria que no se marchita» (5: 4). Esta participación en la gloria tendrá lugar «cuando se revele el pastor supremo» (5: 4).
- “No dudéis en ofrecer lo mejor de vuestra competencia, de vuestras energías y de vuestro celo pastoral, a este campo apostólico privilegiado. Hallaréis en el mismo una parcela de la Iglesia, de la que vosotros sois pastores.”
El santo Padre reconoce en el movimiento de los Equipos de Nuestra Señora un “campo apostólico privilegiado”, sin duda, considerando la vida matrimonial y las familias, y, además, lo confirma como “una parcela de la Iglesia”, con la clara intención de asegurarle a los sacerdotes consiliarios que en su servicio a los ENS están sirviendo también a la Iglesia como pastores, así como lo hacen en su ministerio pastoral parroquial y diocesano a ejemplo de Cristo, Buen Pastor. Recordemos las recomendaciones de Pedro a los presbíteros.
Este reconocimiento es muy importante, ante todo, si tenemos presente que aún para algunos sacerdotes y obispos, el carácter supradiocesano y no parroquial del Movimiento les dificulta entenderlo, acogerlo y mucho más aceptar la invitación como consiliarios cuando las parejas no pertenecen a su parroquia o jurisdicción eclesiástica.
El Papa Pablo VI exhorta los consiliarios a “no dudar” en ofrecer lo mejor de sus capacidades intelectuales, humanas y pastorales en el servicio a los equipos de matrimonios como pastores que son de la Iglesia. Por tanto, el servicio del consiliario no puede ser visto, ni por las parejas, ni por los sacerdotes, como algo aislado o simplemente un trabajo extra a su ministerio pastoral en la Iglesia.
- “No caigáis en la tentación de pensar que vuestro trabajo pastoral se limita a un pequeño grupo de cristianos. Vuestra labor se multiplicará por la influencia de tantas parejas.”
El santo Padre advierte sabiamente la duda que asalta a tantos sacerdotes consiliarios que, además, son párrocos de pequeñas o grandes parroquias, al pensar que están perdiendo su tiempo con un grupo de 5 o 7 parejas de los equipos. Ante esta tentación, el santo Padre les recuerda que los matrimonios equipistas en su deber misionero irradiarán entre muchas otras parejas y familias los bienes espirituales aprendidos y vividos en el movimiento. La Iglesia reconoce que los matrimonios cristianos, por la gracia del sacramento, son los principales agentes de la pastoral familiar.
Esta ha sido mi experiencia como consiliario y párroco. Las parejas de los equipos son los que ahora son responsables del curso prematrimonial, de la catequesis pre-bautismal, los retiros anuales para las parejas de la parroquia, etc. Los invito porque en los equipos y el acompañamiento de los consiliarios, ellas reciben una formación doctrinal y espiritual sólida que no solo los capacita para enseñar, sino que los anima a ser testigos del amor conyugal y familiar, no con teorías, sino de mostrar desde la experiencia el atractivo del amor vivido en el sacramento del matrimonio. En este sentido, la espiritualidad conyugal y la misión se enriquecen mutuamente.
- “Vosotros los ayudáis a profundizar en su vida cristiana; que la vuestra se profundice en igual medida.”
Esta última recomendación del santo Padre, me sugiere proponerles para la reflexión un texto de la Guía sobre “El Sacerdote Consiliario y el Acompañamiento Espiritual en los ENS”, cuando alude a la complementariedad entre las parejas y los consiliarios:
El largo camino recorrido por los ENS de todo el mundo a la luz del Concilio Vaticano II ha permitido comprender que sacerdotes y laicos pueden ayudarse mutuamente a progresar en el conocimiento del misterio de Cristo. Por una parte, los sacerdotes acompañan a las parejas en el difícil discernimiento que son llamados a hacer cotidianamente, y por otra la presencia de matrimonios que rezan y que se aman ayuda a los sacerdotes a ejercer su ministerio con más dinamismo y profundidad fecunda. (p.17)
Edmonton, Marzo 2026
Padre Augusto Garcia PSS






