Meditación

Todos los Santos y Santas desconocidos que no festejamos sino en el Día de Todos los Santos.
Todos los Santos mártires de antes y de hoy en todas partes del mundo.
Todos los Santos que estáis en el cielo simplemente por haber hecho vuestra labor con todo el corazón.

Dios, Padre nuestro,
pusiste en el corazón de tu siervo Henri Caffarel,
un impulso de amor que le unía sin reserva a tu Hijo
y le inspiraba para hablar de Él.

Inmaculada Concepción,
Reina del Cielo y de la Tierra,
Refugio de los pecadores y nuestra Madre más amada,
a quien Dios quiso confiar todo el orden de la Misericordia,

Quédate conmigo Señor, porque te necesito presente para no olvidarte. Tú sabes bien con qué facilidad os abandono.

Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no cambia, la paciencia todo lo alcanza ; quien a Dios tiene, nada le falta.

Una « immensa cascada de gracia »
La misión de Jesús, culminando en el don del Espíritu Santo , tenía ese objetivo esencial : restablecer nuestra relación con el Padre, destruida por el pecado : sacarnos de la condición de huérfanos y darnos la de hijos.

....La Ascención suena en nuestros oídos como un momento de de desprendimiento, es la partida hacia el Padre.  Sólo Dios colma el corazón del hombre, es lo que parece decirnos Jesús : “ si me amáis, estarías contento de que yo vaya al Padre, porque el Padre es más grande que yo” ” (Juan 14,28).

Aujourd’hui, l’Eglise répète, chante et crie : “Jésus est ressuscité !” Mais comment cela ? Pierre, Jean, les femmes sont allées au tombeau, mais il était vide, Lui, il n’y était pas.
Ils y sont allés le cœur fermé par la tristesse, la tristesse d’une défaite : le Maître, leur Maître, celui qu’ils aimaient tant a été exécuté, il est mort. Et de la mort, on ne revient pas. Voilà la défaite, voilà le chemin de la défaite, le chemin vers le tombeau.

Señor, Dios mío, haced que mi corazón te desee ; al desearte, al buscarte, al encontrarte ; que al encontrarte te ame ; al amarte redima mis faltas y una vez redimidas, no volverlas a cometer.

La liturgia del miércoles de Ceniza nos invita a unir a la oración el ayuno, práctica penitencial que exige un esfuerzo espiritual más profundo

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