Fraternidad / Ayuda mutua

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Mano en la mano

Él no es vuestro marido, Señora es necesario hospitalizarlo inmediatamente » nos suelta el radiólogo. Yo dudaba un poco pero el golpe de gracia me fue asestado cuando el neumólogo de urgencias  creyó que era conveniente decir : «¡ él tiene uno o dos cánceres y no se pueden operar!

Un nuevo camino comenzaba para mí ¿sería el último ?

" Una espada nos traspasó simultáneamente a mi esposo y a mí, esas palabras nos dejaron helados. ¡ Un túnel se abría ante nosotros. ¿Podríamos superar esa prueba ? Treinta y seis años de vida en común pasaron ante nosotros en un instante, ¿cuántos más todavía ? Nos pareció prioritario orar. La oración conyugal, tan difícil a veces entre nosotros, se convirtió en el cimiento de nuestra pareja. 

Yo no quería ver a nadie llorando porque mi rostro estaba desfigurado por la enfermedad  y yo no quería compasión. ¿Qué hombre alentado una idea del sufrimiento? Su oración me servía de consuelo, su silencio no significaba indiferencia, ellos lo sabían bien y respetaban mi voluntad.  Mi esposa encontró apoyo en los Equipos de Nuestra Señora: treinta años de equipo con casi siempre los mismos equipistas  desde el comienzo habían creado lazos de unión y la puesta en común fue, me contó mi esposa, un momento de fraternidad como nunca lo habíamos visto en nuestro equipo. Recluido en mi casa, yo me regocijé.  Más tarde, pude ser operado con éxito y seguir un tratamiento. Dos meses de real felicidad de pareja… 

Después mi esposo contrajo una leucemia. ¡Su primer grito fue para increpar al cielo por tanta injusticia! Desde su cama estéril continuamos nuestra oración conyugal, compartimos nuestros sufrimientos…y nuestras esperanzas, meditamos la palabra de Dios y abrimos nuestro espacio de vida a muchos amigos que fueron a manifestarnos su afecto.  Una sonrisa, una caricia, un deseo son con frecuencia las únicas maneras de decir al que sufre que siempre lo tenemos presente en el corazón.  Los equipistas no descansaban.  Nunca he faltado a una reunión porque yo sabía que allá encontraría un descanso para mi alma.  Cuando la enfermedad se complicó y los cuidados paliativos eran  la última morada terrestre de mi esposa, me recuerdo haberle dicho al equipo dirigiéndome a los maridos: 

 « No esperéis a que deje de llover, para decir a tu esposa: te amo ».

El tiempo ha pasado. Mi esposa partió para su morada en la eternidad. Yo sigo mi relación con los Equipos de nuestra señora, porque no quería vivir una segunda ruptura. ¡Un día, me pidieron que sirviera como enlace! Lo acepté y he recibido cinco veces más ".  

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