Los puntos concretos de Esfuerzo

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Bible ouverte

 

 

Seguir una dirección de crecimiento espiritual y humano
supone tomar un itinerario lógico y encontrar los medios
para seguir fielmente en esa dirección.

«La experiencia demuestra que, sin ciertos puntos concretos de aplicación, las orientaciones de vida corren el riesgo de quedarse en letra muerta.» 

Tomando ejemplo de la vida monástica en la que la "regla" guía la vida espiritual y comunitaria desde sus orígenes, se han escogido seis "puntos de aplicación" a ejercitar regularmente, individualmente o en pareja.  Los Equipos de Nuestra Señora han llamado Puntos Concretos de Esfuerzo a «esos puntos concretos de aplicación». 

Los Puntos Concretos de Esfuerzo son una característica esencial del Movimiento. No se trata de cosas que se deben hacer, sino de actitudes interiores que se deben despertar y asimilar, las cuales van a conducir a una nueva manera de vivir. Constituyen una disciplina que ayuda a las parejas de los Equipos a poner en práctica el Evangelio en su vida cotidiana. El compromiso con esos seis Puntos Concretos de Esfuerzo cambiará poco a poco a los esposos, desarrollando una vida espiritual conyugal que los acercará a Dios, a su cónyuge y a las demás personas. Con plena libertad uno «se obliga» a esforzarse sobre los Puntos Concretos. 

La decisión de «vivir» los Puntos Concretos de Esfuerzo corresponde a una adhesión del corazón y se concreta en un esfuerzo de la voluntad. El esfuerzo, a través de cada uno de los Puntos Concretos, tiende a llevar a las parejas a ser capaces de acoger al Espíritu Santo que actúa interiormente, haciéndolas crecer.  

Los Puntos Concretos de Esfuerzo exigen, de parte de cada uno de los esposos así como de la pareja, un compromiso a veces difícil de adquirir. No son algo que se impone, sino que cada uno se compromete a practicarlos voluntariamente. Uno solo, se vería tentado a abandonar el esfuerzo y por esto cada uno solicita la ayuda y el ánimo de su cónyuge y de su equipo.

Los Puntos de Esfuerzo son una invitación a:

  • Escuchar asiduamente «la Palabra de Dios».
  • Encontrarse diariamente con Dios en una oración silenciosa: «la oración personal».
  • Rezar juntos, marido y mujer cada día: «la oración conyugal» y, si es posible, en familia, «la oración familiar».
  • Encontrar cada mes el tiempo para hacer un verdadero diálogo conyugal: «el deber de sentarse».
  • Fijarse esfuerzos personales: «la regla de vida».
  • Hacer cada año «un retiro».

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 LA ESCUCHA DE LA PALABRA: «Escuchar» asiduamente la Palabra de Dios. 
«Ciertamente es viva la palabra de Dios y es eficaz» (Hb 4,12)

Dios habla a los hombres porque los ama. Él quiere entablar con ellos, con cada uno de ellos, una relación de amor, una relación de persona a persona. Él les habla para hacerse conocer, para revelarles su gran proyecto de amor, para comunicarles sus pensamientos, su voluntad sobre ellos; para proponerles su alianza. Dios habla a través de su creación, de las Escrituras, de sus intervenciones en la historia humana, de los profetas y, sobre todo, a través de su Hijo Jesús.

La escucha asidua de la «Palabra» permite a los miembros de los Equipos no solamente conocer a Dios, sino principalmente arraigarse en el Evangelio. La Palabra hace que cada uno de los miembros de la pareja entre en contacto directo con la persona de Cristo. Este contacto personal es el pilar de toda vida espiritual pues «desconocer la Escritura es desconocer a Cristo» (San Jerónimo, citado en Dei Verbum, 25).  

La Palabra creadora de Dios es una fuente indispensable de motivación y de energía para nuestro crecimiento personal, nuestro crecimiento en pareja y para la construcción de un mundo mejor. Por esta razón, los Equipos de Nuestra Señora invitan a cada uno a escuchar diariamente la Palabra de Dios, consagrando un tiempo para leer un asaje de la Biblia, en particular de los Evangelios, y a meditarlo en silencio, con el fin de comprender mejor lo que Dios nos dice a través de las Escrituras. 

LA ORACIÓN PERSONAL: Encontrarse diariamente con Dios en una meditación silenciosa.  
"Sed perseverantes en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col 4,2) 

 Nosotros estamos llamados a dar nuestro tiempo al Señor para tener un encuentro con Él y vivir de su presencia. La oración cotidiana desarrolla en nosotros la capacidad de escucha y diálogo con Dios. Consiste en dedicar un tiempo para estar solos con Aquél que nos ama. Es un tiempo de escucha silenciosa, de corazón a corazón con Dios, un tiempo de 

descubrimiento y de aceptación del proyecto de Dios sobre nosotros. No existen reglas rígidas para orar. Cada persona decide lo que es más apropiado para él (cuándo, dónde y cómo). Lo que parece más importante para desarrollar esa profunda unión con Dios es la perseverancia y la regularidad. 

«Las palabras en la oración contemplativa no son discursos, sino ramillas que alimentan el fuego del amor.» (Catecismo de la Iglesia Católica, 2717)


LA ORACIÓN CONYUGAL. Orar juntos, marido y mujer, cada día.
«Yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno» (Jn 17,23)

Cristo está presente de una manera muy especial cuando los esposos rezan juntos. No solamente renuevan su «sí» a Dios, sino que logran esa unidad profunda que sólo les da la unión de los corazones y de los espíritus en el sacramento del matrimonio. La oración conyugal se convierte en la expresión común de dos oraciones individuales y debe nacer naturalmente de una vida vivida en unión. Si los esposos tienen cada uno su propio estilo de oración, es muy importante que traten de desarrollar una forma común de oración, para descubrir y vivir una nueva dimensión de su vida conyugal. Su oración en común será más fácil, más auténtica y profunda cuando la escucha de la Palabra de Dios y la oración en silencio sean una práctica regular de los dos esposos.   

El Magnificat, la oración común de los Equipos de Nuestra Señora, puede formar parte de esa oración cotidiana. Cuando hay niños, es importante reservar algún momento a la oración en familia. El hogar es para los hijos el primer lugar de aprendizaje. Son los padres quienes tienen la obligación de transmitirle

s la fe y hacer que la casa sea un lugar donde ellos se sientan bien y dispuestos para la oración. Cuando los hijos crecen, seguramente van a querer tener un tiempo más personal con Dios; pero de todas maneras, algunos estarán dispuestos a compartir un momento de oración en familia, por ejemplo antes de las comidas.

EL «DEBER DE SENTARSE»: Encontrar cada mes un tiempo para realizar un verdadero diálogo conyugal. 
«Sed sumisos los unos a los otros en el respeto a Cristo» (Ef 5,21)

El Deber de Sentarse nos ayuda a descubrirnos, poco a poco, a nuestro cónyuge. Es un tiempo que pasan juntos, marido y mujer, bajo la mirada del Señor, para dialogar en la verdad y con serenidad. Este tiempo de expresión de los sentimientos y de los pensamientos entre los esposos, les permite un mejor conocimiento y ayuda mutua. Les permite mirar al pasado, analizar la vida conyugal y familiar, hacer proyectos para el futuro y ver cuáles son los cambios que se requieren para lograr ese ideal que ellos han escogido.  

El Deber de Sentarse evita la rutina de la vida conyugal y mantiene jóvenes y vivos el amor y el matrimonio. Su valor es apreciado por todas las parejas que lo practican, las cuales reconocen en este encuentro la ocasión de amarse más. Se recomienda empezar el Deber de Sentarse con un momento de oración o de silencio, para tomar conciencia de la presencia de Dios. El silencio hace más profunda la atención del uno sobre el otro, acerca a Dios y crea una atmósfera favorable.

 LA REGLA DE VIDA. Fijarse esfuerzos personales.
«Procurando el bien ante todos los hombres» (Rom 12,17)

La Regla de Vida consiste en fijarse aquél o aquellos puntos en los cuales cada uno de los miembros de la pareja decide personalmente concentrar sus esfuerzos, con el fin de continuar mejor en su dirección de crecimiento y responder con alegría a la llamada de amor que Dios les hace. Fijarse una Regla de Vida ayuda a cada uno a adherirse más personalmente y más concretamente al proyecto divino sobre su persona y sobre la pareja. Se trata de una o varias disposiciones prácticas que cada uno emprende para avanzar en su perspectiva de crecimiento espiritual y humano. No se trata de ninguna manera de multiplicar las restricciones: lo que se nos pide es reforzar poco a poco, con tenacidad, alguno de nuestros puntos débiles o mejorar alguna de nuestras cualidades. A través de la reflexión sobre los aspectos de nuestra vida personal, conyugal, familiar y de nuestra vida cristiana, buscamos la verdad sobre nosotros mismos, con el fin de reconocer aquello que ensombrece la voluntad de Dios.  

Como se trata de un camino espiritual, el avance no es lineal y, por lo tanto, tendremos que volver a comenzar muchas veces. La Regla debemos revisarla de tiempo en tiempo.


EL RETIRO ANUAL: Hacer cada año un retiro.
«Venid también vosotros aparte, a un lugar solitario, para descansar un poco» (Mc 6,31)

Tomarse cada año el tiempo suficiente para ponerse delante del Señor, si es posible en pareja, en un retiro que permita reflexionar sobre la vida en la presencia de Dios. El retiro es un tiempo privilegiado para detenerse, escuchar y orar, para tener un resurgimiento espiritual. También es un tiempo fuerte para entrar dentro de sí mismo y hacer un examen general de vida, sobre todo con respecto al camino personal de crecimiento. Con frecuencia es una buena ocasión de mejorar la comprensión del pensamiento divino que se percibe, de una manera a veces somera y fragmentada, en la lectura de la Palabra y durante el curso de la vida cotidiana.  

Las parejas de los Equipos son invitadas a aprovechar el ambiente particular de los retiros con el fin de renovarse. Se les anima a retirarse de la vida y del trabajo para escuchar a Dios y discernir su plan sobre ellos.