Algunos textos...

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Bible - © AELF

Génesis – Chapitre 1   Chapitre 2
Tobías – Chapitre 7   Chapitre 8
Proverbios – Chapitre 31
Cantar  2, 8
Eclesiástico - Chapitre 26
Salmos 127
Marcos - Chapitre 10
Juan - Chapitre 2
I Corintios - Chapitre 13
Efesios - Chapitre 5
Colosenses - Chapitre 3
Hebreos – Chapitre 13
I Pedro - Chapitre 3


Génesis   – Chapitre 1

26 Y dijo Dios: «Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra.

27 Creó, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios le creó, macho y hembra los creó.

28 Y bendíjolos Dios, y díjoles Dios: «Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla; mandad en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra.»

29 Dijo Dios: «Ved que os he dado toda hierba de semilla que existe sobre la haz de toda la tierra, así como todo árbol que lleva fruto de semilla; para vosotros será de alimento.

30 Y a todo animal terrestre, y a toda ave de los cielos y a toda sierpe de sobre la tierra, animada de vida, toda la hierba verde les doy de alimento.» Y así fue. 

31 Vio Dios cuanto había hecho, y todo estaba muy bien. Y atardecío y amaneció: día sexto.

Génesis  – Chapitre 2

18 Dijo luego Yahveh Dios: «No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada.»

19 Y Yahveh Dios formó del suelo todos los animales del campo y todas las aves del cielo y los llevó ante el hombre para ver cómo los llamaba, y para que cada ser viviente tuviese el nombre que el hombre le diera.

20 El hombre puso nombres a todos los ganados, a las aves del cielo y a todos los animales del campo, mas para el hombre no encontró una ayuda adecuada.

21 Entonces Yahveh Dios hizo caer un profundo sueño sobre el hombre, el cual se durmió. Y le quitó una de las costillas, rellenando el vacío con carne.

22 De la costilla que Yahveh Dios había tomado del hombre formó una mujer y la llevó ante el hombre.

23 Entonces éste exclamó: «Esta vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta será llamada mujer, porque del varón ha sido tomada.»

24 Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne. 

Tobías  – Chapitre 7

Ragüel se puso en pie de un salto, le besó, lloró y le dijo: «¡Bendito seas, hijo! Tienes un padre honrado y bueno. ¡Qué gran desgracia, haberse quedado ciego un hombre tan justo y tan limosnero!» Y echándose al cuello de su hermano Tobías, rompió a llorar.

También lloró su mujer Edna y su hija Sarra.

Mató luego un carnero del rebaño y los acogió con toda cordialidad.

Después de lavarse y bañarse, se pusieron a comer. Tobías dijo entonces a Rafael: «Hermano Azarías, di a Ragüel que me dé por mujer a mi hermana Sarra.»

10 Al oír Ragüel estas palabras dijo al joven: «Come, bebe y disfruta esta noche, porque ningún hombre hay, fuera de ti, que tenga derecho a tomar a mi hija Sarra, de modo que ni yo mismo estoy facultado para darla a otro, si no es a ti, que eres mi pariente más próximo. Pero voy a hablarte con franqueza, muchacho.

11 Ya la he dado a siete maridos, de nuestros hermanos, y todos murieron la misma noche que entraron donde ella. Así que, muchacho, ahora come y bebe y el Señor os dará su gracia y su paz.» Pero Tobías replicó: «No comeré ni beberé hasta que no hayas tomado una decisión acerca de lo que te he pedido.» Ragüel le dijo: «¡Está bien! A ti se te debe dar, según la sentencia del libro de Moisés, y el Cielo decreta que te sea dada. Recibe a tu hermana. A partir de ahora, tú eres su hermano y ella es tu hermana. Tuya es desde hoy por siempre. Que el Señor del Cielo os guíe a buen fin esta noche, hijo, y os dé su gracia y su paz.»

12 Llamó Ragüel a su hija Sarra, y cuando ella se presentó, la tomó de la mano y se la entregó a Tobías, diciendo: «Recíbela, pues se te da por mujer, según la ley y la sentencia escrita en el libro de Moisés. Tómala y llévala con bien a la casa de tu padre. Y que el Dios del Cielo os guíe en paz por el buen camino.»

13 Llamó luego a la madre, mandó traer una hoja de papiro y escribió el contrato matrimonial, con lo cual se la entregó por mujer, conforme a la sentencia de la ley de Moisés.

14 Y acabado esto, empezaron a comer y beber. 

Tobías   – Chapitre 8

Los padres salieron y cerraron la puerta de la habitación. Entonces Tobías se levantó del lecho y le dijo: «Levántate, hermana, y oremos y pidamos a nuestro Señor que se apiade de nosotros y nos salve.»

Ella se levantó y empezaron a suplicar y a pedir el poder quedar a salvo. Comenzó él diciendo: ¡Bendito seas tú, Dios de nuestros padres, y bendito sea tu Nombre por todos los siglos de los siglos! Bendígante los cielos, y tu creación entera, por los siglos todos.

Tú creaste a Adán, y para él creaste a Eva, su mujer, para sostén y ayuda, y para que de ambos proviniera la raza de los hombres. Tú mismo dijiste: No es bueno que el hombre se halle solo; hagámosle una ayuda semejante a él.

Yo no tomo a esta mi hermana con deseo impuro, mas con recta intención. Ten piedad de mí y de ella y podamos llegar juntos a nuestra ancianidad.

Y dijeron a coro: «Amén, amén.»

Y se acostaron para pasar la noche. Se levantó Ragüel y, llamando a los criados que tenía en casa, fueron a cavar una tumba, 

10 porque se decía: «No sea que haya muerto y nos sirva de mofa y escarnio.» 

Proverbios – Chapitre 31

10 Alef. Una mujer completa, ¿quién la encontrará? Es mucho más valiosa que las perlas.

11 Bet. En ella confía el corazón de su marido, y no será sin provecho.

12 Guímel. Le produce el bien, no el mal, todos los días de su vida.

13 Dálet. Se busca lana y lino y lo trabaja con manos diligentes.

14 He. Es como nave de mercader que de lejos trae su provisión.

15 Vau. Se levanta cuando aún es de noche da de comer a sus domésticos y órdenes a su servidumbre.

16 Zain. Hace cálculos sobre un campo y lo compra; con el fruto de sus manos planta una viña.

17 Jet. Se ciñe con fuerza sus lomos y vigoriza sus brazos.

18 Tet. Siente que va bien su trabajo, no se apaga por la noche su lámpara.

19 Tod. Echa mano a la rueca, sus palmas toman el huso.

20 Kaf. Alarga su palma al desvalido, y tiende sus manos al pobre.

30 Sin. Engañosa es la gracia, vana la hermosura, la mujer que teme a Yahveh, ésa será alabada. 

31 Tau. Dadle del fruto de sus manos y que en las puertas la alaben sus obras. 

Cantar 2

La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados.

Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.

10 Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.

11 Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido.

12 Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.

13 Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!

14 Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»

15 Cazadnos las raposas, las pequeñas raposas que devastan las viñas, pues nuestras viñas están en flor.

16 Mi amado es para mí, y yo soy para mi amado: él pastorea entre los lirios.

Cantar 8

Ponme cual sello sobre tu corazón, como un sello en tu brazo. Porque es fuerte el amor como la Muerte, implacable como el seol la pasión. Saetas de fuego, sus saetas, una llama de Yahveh. 

Grandes aguas no pueden apagar el amor, ni los ríos anegarlo. Si alguien ofreciera todos los haberes de su casa por el amor, se granjearía desprecio. 

Eclesiástico   26

Feliz el marido de mujer buena, el número de sus días se duplicará.

Mujer varonil da contento a su marido, que acaba en paz la suma de sus años.

Mujer buena es buena herencia, asignada a los que temen al Señor:

sea rico o pobre, su corazón es feliz, en todo tiempo alegre su semblante.

13 La gracia de la mujer recrea a su marido, y su ciencia reconforta sus huesos.

14 Un don del Señor la mujer silenciosa, no tiene precio la bien educada.

15 Gracia de gracias la mujer pudorosa, no hay medida para pesar a la dueña de sí misma. 

16 Sol que sale por las alturas del Señor es la belleza de la mujer buena en una casa en orden. 

Salmos 127

Canción de las subidas. Dichosos todos los que temen a Yahveh, los que van por sus caminos.

¡Del trabajo de tus manos comerás, ¡dichoso tú, que todo te irá bien!

Tu esposa será como parra fecunda en el secreto de tu casa. Tus hijos, como brotes de olivo en torno a tu mesa.

Así será bendito el hombre que teme a Yahveh.

¡Bendígate Yahveh desde Sión, que veas en ventura a Jerusalén todos los días de tu vida, 

y veas a los hijos de tus hijos! ¡Paz a Israel! 

Marcos 10

Pero desde el comienzo de la creación, El los hizo varón y hembra.

Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre,

y los dos se harán una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 

Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.» 

Juan 2

Tres días después se celebraba una boda en Caná de Galilea y estaba allí la madre de Jesús.

Fue invitado también a la boda Jesús con sus discípulos.

Y, como faltara vino, porque se había acabado el vino de la boda, le dice a Jesús su madre: «No tienen vino.»

Jesús le responde: «¿Qué tengo yo contigo, mujer? Todavía no ha llegado mi hora.»

Dice su madre a los sirvientes: «Haced lo que él os diga.»

Había allí seis tinajas de piedra, puestas para las purificaciones de los judíos, de dos o tres medidas cada una.

Les dice Jesús: «Llenad las tinajas de agua.» Y las llenaron hasta arriba.

«Sacadlo ahora, les dice, y llevadlo al maestresala.» Ellos lo llevaron.

Cuando el maestresala probó el agua convertida en vino, como ignoraba de dónde era (los sirvientes, los que habían sacado el agua, sí que lo sabían), llama el maestresala al novio

10 y le dice: «Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora.» 

11 Así, en Caná de Galilea, dio Jesús comienzo a sus señales. Y manifestó su gloria, y creyeron en él sus discípulos. 

I Corintios 13

Aunque hablara las lenguas de los hombres y de los ángeles, si no tengo caridad, soy como bronce que suena o címbalo que retiñe.

Aunque tuviera el don de profecía, y conociera todos los misterios y toda la ciencia; aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas, si no tengo caridad, nada soy.

Aunque repartiera todos mis bienes, y entregara mi cuerpo a las llamas, si no tengo caridad, nada me aprovecha.

La caridad es paciente, es servicial; la caridad no es envidiosa, no es jactanciosa, no se engríe;

es decorosa; no busca su interés; no se irrita; no toma en cuenta el mal;

no se alegra de la injusticia; se alegra con la verdad.

Todo lo excusa. Todo lo cree. Todo lo espera. Todo lo soporta. 

La caridad no acaba nunca. Desaparecerán las profecías. Cesarán las lenguas. Desaparecerá la ciencia. 

Efesios 5

y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma.

21 Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo.

22 Las mujeres a sus maridos, como al Señor,

23 porque el marido es cabeza de la mujer, como Cristo es Cabeza de la Iglesia, el salvador del Cuerpo.

24 Así como la Iglesia está sumisa a Cristo, así también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo.

25 Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella,

26 para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra,

27 y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada.

28 Así deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos. El que ama a su mujer se ama a sí mismo.

29 Porque nadie aborreció jamás su propia carne; antes bien, la alimenta y la cuida con cariño, lo mismo que Cristo a la Iglesia,

30 pues somos miembros de su Cuerpo.

31 Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne.

32 Gran misterio es éste, lo digo respecto a Cristo y la Iglesia. 

33 En todo caso, en cuanto a vosotros, que cada uno ame a su mujer como a sí mismo; y la mujer, que respete al marido. 

Colosenses 3

12 Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia,

13 soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonaos también vosotros.

14 Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el vínculo de la perfección.

15 Y que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella habéis sido llamados formando un solo Cuerpo. Y sed agradecidos.

16 La palabra de Cristo habite en vosotros con toda su riqueza; instruíos y amonestaos con toda sabiduría, cantad agradecidos, himnos y cánticos inspirados, 

17 y todo cuanto hagáis, de palabra y de boca, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por su medio a Dios Padre. 

Hebreos 13

Permaneced en el amor fraterno.

No os olvidéis de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a ángeles.

Acordaos de los presos, como si estuvierais con ellos encarcelados, y de los maltratados, pensando que también vosotros tenéis un cuerpo.

Tened todos en gran honor el matrimonio, y el lecho conyugal sea inmaculado; que a los fornicarios y adúlteros los juzgará Dios.

Sea vuestra conducta sin avaricia; contentos con lo que tenéis, pues él ha dicho: No te dejaré ni te abandonaré; 

de modo que podamos decir confiados: El Señor es mi ayuda; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre? 

I Pedro 3

Igualmente, vosotras, mujeres, sed sumisas a vuestros maridos para que, si incluso algunos no creen en la Palabra, sean ganados no por las palabras sino por la conducta de sus mujeres,

al considerar vuestra conducta casta y respetuosa.

Que vuestro adorno no esté en el exterior, en peinados, joyas y modas,

sino en lo oculto del corazón, en la incorruptibilidad de un alma dulce y serena: esto es precioso ante Dios.2

Así se adornaban en otro tiempo las santas mujeres que esperaban en Dios, siendo sumisas a sus maridos;

así obedeció Sara a Abraham, llamándole Señor. De ella os hacéis hijas cuando obráis bien, sin tener ningún temor.

De igual manera vosotros, maridos, en la vida común sed comprensivos con la mujer que es un ser más frágil, tributándoles honor como coherederas que son también de la gracia de Vida, para que vuestras oraciones no encuentren obstáculo. 

En conclusión, tened todos unos mismos sentimientos, sed compasivos, amaos como hermanos, sed misericordiosos y humildes.