¿Y qué nos dice la Biblia?

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La Biblia nos presenta la historia del caminar de un pueblo, Israel, a la luz de Dios. Fue solamente poco a poco que Israel descubrió las exigencias de la Ley entregada por Dios a Moisés.

Así mismo va tu matrimonio. El hombre no ha podido descubrir las exigencias de un amor verdadero sino a través de fallas y fracasos. La Biblia nos hace descubrir esta trayectoria. Su mensaje se presenta como una Buena Nueva descubierta poco a poco y que viene a responder a las aspiraciones más profundas del corazón de los hombres y mujeres. Ello nos muestra el sentido de la pareja y del matrimonio.

Las costumbres violentas

En el momento en que los primeros libros de la Biblia fueron escritos (alrededor de 1000 años antes de Cristo), el respeto por la persona y  la vida  no eran muy difundidos.  Algunas civilizaciones todavía practican el sacrificio humano. Así, en el Antiguo Testamento, somos presentados a veces como costumbres violentas.

Este es un asunto de violencia sexual.  La mujer, e una civilización patriarcal, es una moneda de cambio. Es percibida como un objeto sexual al servicio del placer del hombre o como necesaria para engendrar una descendencia de machos. En la Biblia, la mujer es horada cuando tiene numerosos hijos. Es despreciada cuando es estéril. 

La Ley de Dios va a tratar de humanizar esta situación. 

Dios liberó a su pueblo de la esclavitud de los egipcios. Al entregar su Ley en el Monte Sinaí,  les da el poder de liberarse de su violencia  interior, de su pecado.  Los invita a adoptar una conducta que inspire la vida social de las otras naciones que alabarán la sabiduría de Israel. 

La Ley de Dios impugna todo lo que destruye y amenaza la vida de los hombres. Condena lo que destruye a la pareja: Tomar la mujer de otro cometiendo adulterio, comprometer la vida de un tercero con lazos sexuales no durables mina las relaciones sexuales y les restan estabilidad y equilibrio. La Ley de Dios apunta a que la vida conyugal y sexual sea vivida de una manera verdaderamente humana, verdaderamente digna de un hombre y una mujer.  

La ternura de la pareja en la Biblia

Esas costumbre  violentas, canalizados por la Ley, no impide a las parejas de la Biblia vivir en la ternura y el amor auténticos.

Jacob se une muy particularmente a Raquel, que era estéril. (Gn, 29). Elquana consola a su esposa que no puede tener hijos diciéndole: ¿Acaso no valgo yo más para ti que diez hijos?  (I S, 1,8). El libro de  Judith y los escritos  de Sabiduría presentan un ideal conyugal que sobrepasa lo prescribía el Derecho. 

Ahí se insiste en la fidelidad de la pareja.  Fidelidad basada en el amo y la ternura.  Fidelidad con el amor de su juventud. Fidelidad que puede durar más allá de la muerte.  La mujer pude ser verdaderamente la compañera de su marido. 

El Cantar de los Cantares manifiesta la ternura de dos enamorados, expresado en el lenguaje de los cuerpos. La piedad judía va a considerar el matrimonio como una realidad santa.  El Libro de Tobías manifiesta el ideal y el sentido espiritual: la unión del marido y la mujer en la ternura, el amor y la fidelidad y su alegría de ser los padres numerosos hijos.

El hombre y la mujer, una sola carne

La reflexión de Israel sobre la pareja desemboca en aquello que expresan los primeros capítulos del Libro del Génesis,  2, 18-25,  escrito hacia el año 1000 A: C: el último redactor de ese libro describe de manera imaginada, cerca de 500 A: C: la creación de la primera pareja.

Moldeado con la tierra, el primer hombre recibe de Dios el aliento de la vida.  Considerando que no es bueno que el hombre esté solo, el Señor decide darle una ayuda que le sea adecuada. Le saca una costilla a Adán para crear a Eva, su esposa.  Adán reconoce con alegría en ella el hueso de sus huesos y la carne de su carne.  El autor del texto bíblico concluye: Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y los dos serán una sola carne. 

Este texto simbólico resalta la misma dignidad del hombre y la mujer. También pone a la luz el hecho que cada uno de los esposos no se desarrolla ni encuentra su plenitud sino o en su encuentro con el otro escogido exclusivamente. Por ello es necesario dejar al padre ya la madre.  Dios abre a la pareja un porvenir invitándola al amor y a no encerrarse en sí misma sino abrirse a la vida acogiendo y educando a los hijos, por la organización del mundo y la sociedad.  Sed fecundos, creced y multiplicaos, llenad la tierra y sometedla. 

El hombre y la mujer son llamados a ser más y más personas, a vivir el uno para el otro y los dos para sus hijos y para la sociedad.  

El matrimonio, reflejo del amor de Dios por su pueblo

La  reflexión y la experiencia espiritual de Israel les van a hacer tomar conciencia de que el amor de Dios  a su pueblo es el modelo del amor humano.

El Señor ama a Israel gratuitamente: así se deben amar el hombre y la mujer.  El ama a Israel a pesar de su infidelidad – el pueblo de Dios había escogido a otros dioses y practicaba la injusticia social, oponiéndose así a la ley entregada por el Señor a Moisés. Dios perdona la infidelidad de su pueblo. El se manifiesta como un Dios cuyo amor es gratuito y fiel, cuya misericordia va a ir más allá de todas las decepciones causadas por su pueblo y tratará  de sucintar en éste una respuesta de amor. 

Este es el mensaje de los profetas Osas, Jeremías y Ezequiel. Lo que se ha revelado de la actitud de Dios hacia su pueblo, es el ideal que se propone a pareja en su vida concreta. 

Jesús y el matrimonio 

Al lado de los que siguen a Jesús en el camino de Palestina, se encuentran sus discípulos, quienes fieles a su mensaje continúan viviendo la vida ordinaria.  Cristo los va a llamar a vivir de una manera nueva su existencia cuotidiana.  

En una época en la cual el divorcio todavía era aceptado por la Ley de Moisés, Jesús indica que es necesario dejar ese estado y volver al proyecto inicial de Dios, expresado en los primeros capítulos del Génesis :  Fue debido  a vuestro endurecimiento que (Moisés) formuló esta ley (del divorcio). Pero, al comienzo,

Cuando Dios creó la humanidad, los hizo hombre y mujer. A causa de eso, e hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos ya  Así, lo que Dios ha unidos, el hombre no lo separará. (Mc 10,5-15).

A través del matrimonio, los esposos se hacen cargo uno del otro, recíprocamente, en el amor y la ternura. Es durante toda su vida.  Este compromiso es irreversible. Recibe su fuerza de Dios que se compromete con los esposos  por el sacramento del matrimonio, sacramento que les llama a ser fieles, a progresar en el amor y en lo que sea necesario para la educación humana y cristiana de sus hijos. 

Siguiendo con la reflexión, san Pablo, en su Carta a los Efesios, en el capítulo 5 invita a los maridos a amar a su esposa como Cristo ama a la Iglesia, al punto de entregar su vida por ella en la cruz. En el amor de la pareja, se debe poder reconocer el amor gratuito del Señor que amó hasta sacrificarse y dar su vida.  A esto es que son llamados los esposos cristianos a vivir durante los grandes y pequeños eventos de su vida.  

 

Philippe Beitia 
Antiguo Consiliario Espiritual del Equipo Responsable Francia – Luxemburgo – Suiza