Orientaciones Año 2012-2018 : Carta de Brasília

CARTA DE  BRASILIA DEL EQUIPO RESPONSABLE INTERNACIONAL A LOS EQUIPISTAS DE TODO EL MUNDO

Queridos equipistas y consiliarios espirituales:

Después del Encuentro de Brasilia, el primero celebrado fuera de Europa, llenos de la vivencia del espíritu de internacionalidad de nuestro Movimiento, dirigimos esta Carta a todos los miembros de los Equipos de Nuestra Señora.

A quienes habéis estado en Brasilia y habéis tenido la gracia de participar y vivir la gran Fiesta de nuestro Movimiento ¡Estamos seguros que la profunda experiencia de todo lo que habéis vivido os impulsará a “ATREVERSE A VIVIR EL EVANGELIO”!

Y a todos los que no habéis podido acudir al Encuentro, al Equipo Responsable Internacional le gustaría que oyeseis esta voz que resuena en el corazón de todos, y que con la fuerza del Amor hagáis “correr ríos de agua viva” en este mundo que nos pide con osadía que “vayamos y hagamos lo mismo que Él hizo”.
Estas consideraciones al final del Encuentro Internacional de Brasilia, que ha sido un tiempo de inmensa felicidad, queremos compartirlas con todos vosotros, pues serán inspiradoras de los próximos años, en los que queremos caminar al ritmo y con el sentir del corazón de la Iglesia, en la obediencia y fidelidad al Señor. Sabemos que es en la obediencia que se vive la libertad, y que es en la fidelidad que se vive el amor, porque la fidelidad es la  victoria del amor sobre el tiempo y nos transforma en anunciadores de la libertad.

El último día, el mas solemne de la fiesta, Jesús se puso de pie y exclamó: «Quien tenga sed venga a mí;  y beba  quien crea en mí». Así dice la Escritura: De sus entrañas brotarán ríos de agua viva- se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él” (Juan 7,37-39a).

Este texto del Evangelio nos invita a contemplar el misterio de Cristo, como la fuente donde tenemos siempre que ir a beber el agua que apaga la sed de paz y de felicidad que todos sentimos, y que con nuestras propias fuerzas no podemos alcanzar.

La orientación general  “ATREVERSE A VIVIR EL EVANGELIO”  es un desafío que nos conducirá a ser:

I. Parejas: que se atrevan a tener el corazón pleno del amor de Cristo

«Quien tenga sed venga a mí;  y beba  quien crea en mí» (Jn 7,37b, 38a)

  1. VOLVER A LA FUENTE

Como matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora, estamos invitados en los próximos años a renovar el esfuerzo de volver a los orígenes, al misterio de Cristo y de la Iglesia, ya que en este gran amor es donde encontramos nuestra razón de ser.

Esta invitación a los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora a volver a la fuente se deberá concretar en la fidelidad a la Carta Fundacional (1947), releyendo los textos inspiradores del carisma, la mística y la pedagogía de nuestro Movimiento, apoyados en tres pilares fundamentales: Orientaciones de Vida; Puntos Concretos de Esfuerzo y Vida de  Equipo; y, más recientemente, en un deseo de fidelidad creativa, bien expresado en El Segundo Aliento”.

Todos estamos llamados a realizar este itinerario de vuelta a los orígenes, para que la vivencia de la espiritualidad conyugal, eje de nuestra vida, sea cada vez más fecunda en estos tiempos de grandes cambios en el mundo actual, que implican un desafío. ¡Atrevámonos, pues, a vivir el Evangelio en la fidelidad y la coherencia de la fe!,  “acogiendo los valores y las necesidades en la medida que  sean asimilables y en unión al Carisma Fundador” (padre Caffarel -discurso de Chantilly-, mayo de 1987).

En la base de la espiritualidad conyugal y familiar, podemos caminar hacia el redescubrimiento más profundo del sentido de la fe, entendida siguiendo a Benedicto XVI, como deseo de Dios, cuyo amor reconocemos en la historia y en nuestras vidas, como personas y como matrimonios.

  1. La relación del hombre y de la  mujer, que en los Equipos de Nuestra Señora está iluminada y fortalecida por la gracia del sacramento, es vivida en y con el Señor. Es importante aceptar las diferencias entre los cónyuges, no solo en su complementariedad psicológica y afectiva, sino también teniendo en cuenta la diferenciación personal (sexual) inscrita en el pensamiento de Dios, que así creó al hombre a su imagen y semejanza, hombre y mujer  los creó (Gén 1,27), como leemos en las Sagradas  Escrituras: “Y vio Dios que todo era muy bueno” (Gén 1,31).

En el matrimonio cristiano celebramos la redención del hombre y de la mujer, también en la dinámica de los afectos y las pasiones.

Por el don del Espíritu Santo y con el auxilio de la gracia, es posible pasar de un amor pasional a una relación de amor oblativo.

En el matrimonio cristiano celebramos la redención del hombre y de la mujer, también en la dinámica de los afectos y las pasiones.

Por el don del Espíritu Santo y con el auxilio de la gracia, es posible pasar de un amor pasional a una relación de amor oblativo.

Para el matrimonio cristiano, el próximo más próximo es el propio cónyuge. Cada cónyuge es llamado a ser siempre el “buen samaritano” del otro, viviendo a partir del otro y al servicio de sus necesidades, en vez de dejarse llevar cada uno por los propios deseos y proyectos individuales para su personal satisfacción.

Desde luego es posible vivir la santidad en cualquier estado de vida cristiana, pero especialmente en el matrimonio, siguiendo la lógica de la cruz, es decir, un amor oblativo, de dar la vida el uno por el otro.

Y nuestro mayor atrevimiento será la vivencia de nuestra relación conyugal -movida siempre por el amor y la abnegación-, que debe ser testimonio de vida del matrimonio y de la familia.

En  Chantilly, el Padre Caffarel dijo al respecto: “No existe amor sin abnegación, y no se puede practicar una abnegación que no venga del amor”; pues sólo es verdadero un amor abnegado y fiel. Y a continuación añadió: “La vida conyugal comporta grandes riquezas pero también grandes exigencias”.

II. Parejas: Que se atrevan a acoger y a ocuparse de los Hombres

“De sus entrañas brotarán ríos de agua viva” (Jn 7,38b)

  1. El movimiento de los Equipos de Nuestra Señora, siendo verdad que debe permanecer como movimiento de espiritualidad, no sólo debe profundizar hacia adentro la espiritualidad conyugal, sino también irradiarla hacia afuera, para aquellas situaciones problemáticas que muchos hombres y mujeres de hoy viven y que  no consiguen resolver. Todos sus dones y carismas son despertados y dados por el Espíritu para el bien común, con miras a la promoción de la unidad, de la caridad y de la santidad, para que irradie, como un signo visible, sobre el mundo.

Como afirmaba el Padre Caffarel, dirigiéndose a los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora y recordando el encuentro con Pablo VI (1968): “Estoy completamente convencido de que vosotros comprenderéis enseguida que no sois los destinatarios, sino los mensajeros ante miles de casados… respecto de los cuales nos pedía el Papa que los tuviésemos presentes en nuestro pensamiento”.

  1. Los Equipos de Nuestra Señora deben ser un Movimiento, de comunidades en camino, dando razones de esperanza a las nuevas generaciones, para que no tengan miedo de correr el riesgo de celebrar su amor con el Señor, (1 Cor 7). El matrimonio es una gracia y una misión.

Como  nos decía el Padre Caffarel,  en el editorial de la carta mensual nº 1, titulada “El éxito de la caridad”: “El amor fraterno es extraordinariamente fecundo. A su alrededor y con su influjo el mal retrocede y el desierto se vuelve fértil”.

Es urgente ayudar, hasta donde la caridad fraterna nos pueda llevar, a los matrimonios en dificultad, a aquellos que fracasaron en el amor e intentaron una segunda oportunidad (cf. Familiaris Consortio, nºs 80 a 85).  Es urgente testimoniar a todos que la única palabra que da sentido es la del perdón; por más compleja que sea la situación del hombre, por más duro que sea el corazón humano, “Dios es mayor que nuestro corazón y lo conoce todo” (1 Jn 3,20).

Otra cuestión importante para todos los equipos, en momentos diferentes de nuestra vida, es el envejecimiento de los matrimonios. La espiritualidad del Movimiento deberá ser una preciosa ayuda para que las personas y los matrimonios puedan envejecer con dignidad y vivir la gracia y el carisma propios de cada fase de la vida.

Es importante que los Matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora sean fecundos en la irradiación de una cultura de presencia y de solidaridad con todos aquellos que pasan por grandes dificultades. Ser aceite de consolación, para vivir la caridad de una forma creativa, ayudando a todos  los que se encuentran en situaciones difíciles, a vivir lo mejor posible sus vidas con el espíritu del Evangelio y el sentir de la Iglesia

III. Parejas: Que se atrevan a salir cada día al mundo al servicio de la Iglesia.

“..Se refería al Espíritu que debían recibir los que creyeran en él” (Jn 7,39a)

  1. El Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora deberá en los tiempos actuales, dar signos de esperanza, mirar con confianza el presente y el futuro, porque sabemos en quién confiamos, que nuestra vida está en manos de Dios, y que nuestros nombres -desde el bautismo- están escritos en el libro de la vida. La llamada a la santidad en pareja, como específico de la gracia y del carisma de los Equipos de Nuestra Señora, también debe ser vivida como misión, que presupone la fidelidad a los puntos concretos de esfuerzo, sobre todo la oración conyugal y el deber de sentarse.

La misión, traduciéndose en la disponibilidad y apertura al sentir de la Iglesia y a sus necesidades pastorales más inmediatas, debe responder a la tarea de la nueva evangelización de los casados y de las familias, del evangelio de la santidad vivida como vocación y misión del sacramento del matrimonio.

El Movimiento de los Equipos de Nuestra Señora ha de formar y preparar a sus matrimonios para salir en misión al mundo, dando testimonio de su vocación de matrimonio cristiano.

De este modo, los matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora se sentirán miembros vivos y activos de una gran comunidad, la Iglesia, que sobrepasa todas las fronteras, constituida por matrimonios cristianos de todos los continentes, de todas las razas y culturas, en las que se compone y se ejecuta la divina sinfonía del amor.

CONCLUSIÓN

Iluminados por la luz del Encuentro de Brasilia, esperamos que el Movimiento crezca cada vez más en riquezas espirituales, recibiendo la fuerza de vuestras energías y la valentía de vuestro servicio.

Los Equipos de Nuestra Señora permanecerán firmes en la unidad y en la fidelidad a su Carisma, pero también estarán abiertos al mundo y a los signos de los tiempos, con un nuevo ardor, un nuevo vigor, un nuevo aliento.

Matrimonios de los Equipos de Nuestra Señora, ¡seamos en la Iglesia y en el mundo de hoy, signos de esperanza y fermento para las nuevas generaciones que creen en la Vida, dando testimonio de que el Sacramento del Matrimonio es camino de Amor, Felicidad y Santidad!

Confiemos en María, Nuestra Madre, que nos guiará para ir y hacer lo mismo que EL ha hecho.

Paris, 1 de Septiembre de 2012

Del Equipo Responsable Internacional