{"id":2536,"date":"2019-10-08T15:21:46","date_gmt":"2019-10-08T15:21:46","guid":{"rendered":"http:\/\/equipes.nelsoncardeira.com\/?p=2536"},"modified":"2019-10-08T15:21:46","modified_gmt":"2019-10-08T15:21:46","slug":"catechisme-de-leglise-catholique-1601-1666","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/catecismo-de-la-iglesia-catolica-1601-1666\/","title":{"rendered":"Catecismo de la Iglesia Cat\u00f3lica-1601-1666"},"content":{"rendered":"<p><strong>EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO<\/strong><\/p>\n<p>1601 \u00abLa alianza matrimonial, por la que el var\u00f3n y la mujer constituyen entre s\u00ed un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma \u00edndole natural al bien de los c\u00f3nyuges y a la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro Se\u00f1or a la dignidad de sacramento entre bautizados\u00bb (CIC can. 1055, \u00a71)<\/p>\n<p>I. El matrimonio en el plan de Dios<\/p>\n<p>1602 La sagrada Escritura se abre con el relato de la creaci\u00f3n del hombre y de la mujer a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,26- 27) y se cierra con la visi\u00f3n de las \u00abbodas del Cordero\u00bb (Ap 19,9; cf. Ap 19, 7). De un extremo a otro la Escritura habla del matrimonio y de su \u00abmisterio\u00bb, de su instituci\u00f3n y del sentido que Dios le dio, de su origen y de su fin, de sus realizaciones diversas a lo largo de la historia de la salvaci\u00f3n, de sus dificultades nacidas del pecado y de su renovaci\u00f3n \u00aben el Se\u00f1or\u00bb (1 Co 7,39) todo ello en la perspectiva de la Nueva Alianza de Cristo y de la Iglesia (cf Ef 5,31-32).<\/p>\n<p>El matrimonio en el orden de la creaci\u00f3n<\/p>\n<p>1603 \u00abLa \u00edntima comunidad de vida y amor conyugal, est\u00e1 fundada por el Creador y provista de leyes propias. [&#8230;] El mismo Dios [&#8230;] es el autor del matrimonio\u00bb (GS 48,1). La vocaci\u00f3n al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, seg\u00fan salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una instituci\u00f3n puramente humana a pesar de las numerosas variaciones que ha podido sufrir a lo largo de los siglos en las diferentes culturas, estructuras sociales y actitudes espirituales. Estas diversidades no deben hacer olvidar sus rasgos comunes y permanente. A pesar de que la dignidad de esta instituci\u00f3n no se trasluzca siempre con la misma claridad (cf GS 47,2), existe en todas las culturas un cierto sentido de la grandeza de la uni\u00f3n matrimonial. \u00abLa salvaci\u00f3n de la persona y de la sociedad humana y cristiana est\u00e1 estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad conyugal y familiar\u00bb (GS 47,1).<\/p>\n<p>1604 Dios que ha creado al hombre por amor, lo ha llamado tambi\u00e9n al amor, vocaci\u00f3n fundamental e innata de todo ser humano. Porque el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios (Gn 1,2), que es Amor (cf 1 Jn 4,8.16). Habi\u00e9ndolos creado Dios hombre y mujer, el amor mutuo entre ellos se convierte en imagen del amor absoluto e indefectible con que Dios ama al hombre. Este amor es bueno, muy bueno, a los ojos del Creador (cf Gn 1,31). Y este amor que Dios bendice es destinado a ser fecundo y a realizarse en la obra com\u00fan del cuidado de la creaci\u00f3n. \u00abY los bendijo Dios y les dijo: \u00abSed fecundos y multiplicaos, y llenad la tierra y sometedla\u00bb\u00bb (Gn 1,28).<\/p>\n<p>1605 La Sagrada escritura afirma que el hombre y la mujer fueron creados el uno para el otro: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo\u00bb (Gn 2, 18). La mujer, \u00abcarne de su carne\u00bb (cf Gn 2, 23), su igual, la criatura m\u00e1s semejante al hombre mismo, le es dada por Dios como una \u00abauxilio\u00bb (cf Gn 2, 18), representando as\u00ed a Dios que es nuestro \u00abauxilio\u00bb (cf Sal 121,2). \u00abPor eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne\u00bb (cf Gn 2,18-25). Que esto significa una uni\u00f3n indefectible de sus dos vidas, el Se\u00f1or mismo lo muestra recordando cu\u00e1l fue \u00aben el principio\u00bb, el plan del Creador (cf Mt 19, 4): \u00abDe manera que ya no son dos sino una sola carne\u00bb (Mt 19,6).<\/p>\n<p>El matrimonio bajo la esclavitud del pecado<\/p>\n<p>1606 Todo hombre, tanto en su entorno como en su propio coraz\u00f3n, vive la experiencia del mal. Esta experiencia se hace sentir tambi\u00e9n en las relaciones entre el hombre y la mujer. En todo tiempo, la uni\u00f3n del hombre y la mujer vive amenazada por la discordia, el esp\u00edritu de dominio, la infidelidad, los celos y conflictos que pueden conducir hasta el odio y la ruptura. Este desorden puede manifestarse de manera m\u00e1s o menos aguda, y puede ser m\u00e1s o menos superado, seg\u00fan las culturas, las \u00e9pocas, los individuos, pero siempre aparece como algo de car\u00e1cter universal.<\/p>\n<p>1607 Seg\u00fan la fe, este desorden que constatamos dolorosamente, no se origina en la naturaleza del hombre y de la mujer, ni en la naturaleza de sus relaciones, sino en el pecado. El primer pecado, ruptura con Dios, tiene como consecuencia primera la ruptura de la comuni\u00f3n original entre el hombre y la mujer. Sus relaciones quedan distorsionadas por agravios rec\u00edprocos (cf Gn 3,12); su atractivo mutuo, don propio del creador (cf Gn 2,22), se cambia en relaciones de dominio y de concupiscencia (cf Gn 3,16); la hermosa vocaci\u00f3n del hombre y de la mujer de ser fecundos, de multiplicarse y someter la tierra (cf Gn 1,28) queda sometida a los dolores del parto y los esfuerzos de ganar el pan (cf Gn 3,16-19).<\/p>\n<p>1608 Sin embargo, el orden de la Creaci\u00f3n subsiste aunque gravemente perturbado. Para sanar las heridas del pecado, el hombre y la mujer necesitan la ayuda de la gracia que Dios, en su misericordia infinita, jam\u00e1s les ha negado (cf Gn 3,21). Sin esta ayuda, el hombre y la mujer no pueden llegar a realizar la uni\u00f3n de sus vidas en orden a la cual Dios los cre\u00f3 \u00abal comienzo\u00bb.<\/p>\n<p>El matrimonio bajo la pedagog\u00eda de la antigua Ley<\/p>\n<p>1609 En su misericordia, Dios no abandon\u00f3 al hombre pecador. Las penas que son consecuencia del pecado, \u00ablos dolores del parto\u00bb (Gn 3,16), el trabajo \u00abcon el sudor de tu frente\u00bb (Gn 3,19), constituyen tambi\u00e9n remedios que limitan los da\u00f1os del pecado. Tras la ca\u00edda, el matrimonio ayuda a vencer el repliegue sobre s\u00ed mismo, el ego\u00edsmo, la b\u00fasqueda del propio placer, y a abrirse al otro, a la ayuda mutua, al don de s\u00ed.<\/p>\n<p>1610 La conciencia moral relativa a la unidad e indisolubilidad del matrimonio se desarroll\u00f3 bajo la pedagog\u00eda de la Ley antigua. La poligamia de los patriarcas y de los reyes no es todav\u00eda criticada de una manera expl\u00edcita. No obstante, la Ley dada por Mois\u00e9s se orienta a proteger a la mujer contra un dominio arbitrario del hombre, aunque la Ley misma lleve tambi\u00e9n, seg\u00fan la palabra del Se\u00f1or, las huellas de \u00abla dureza del coraz\u00f3n\u00bb de la persona humana, raz\u00f3n por la cual Mois\u00e9s permiti\u00f3 el repudio de la mujer (cf Mt 19,8; Dt 24,1).<\/p>\n<p>1611 Contemplando la Alianza de Dios con Israel bajo la imagen de un amor conyugal exclusivo y fiel (cf Os 1-3; Is 54.62; Jr 2-3. 31; Ez 16,62;23), los profetas fueron preparando la conciencia del Pueblo elegido para una comprensi\u00f3n m\u00e1s profunda de la unidad y de la indisolubilidad del matrimonio (cf Ml 2,13-17). Los libros de Rut y de Tob\u00edas dan testimonios conmovedores del sentido hondo del matrimonio, de la fidelidad y de la ternura de los esposos. La Tradici\u00f3n ha visto siempre en el Cantar de los Cantares una expresi\u00f3n \u00fanica del amor humano, en cuanto que este es reflejo del amor de Dios, amor \u00abfuerte como la muerte\u00bb que \u00ablas grandes aguas no pueden anegar\u00bb (Ct 8,6-7).<\/p>\n<p>El matrimonio en el Se\u00f1or<\/p>\n<p>1612 La alianza nupcial entre Dios y su pueblo Israel hab\u00eda preparado la Nueva y Eterna Alianza mediante la que el Hijo de Dios, encarn\u00e1ndose y dando su vida, se uni\u00f3 en cierta manera con toda la humanidad salvada por \u00c9l (cf. GS 22), preparando as\u00ed \u00ablas bodas del cordero\u00bb (Ap 19,7.9).<\/p>\n<p>1613 En el umbral de su vida p\u00fablica, Jes\u00fas realiza su primer signo \u2014a petici\u00f3n de su Madre\u2014 con ocasi\u00f3n de un banquete de boda (cf Jn 2,1-11). La Iglesia concede una gran importancia a la presencia de Jes\u00fas en las bodas de Can\u00e1. Ve en ella la confirmaci\u00f3n de la bondad del matrimonio y el anuncio de que en adelante el matrimonio ser\u00e1 un signo eficaz de la presencia de Cristo.<\/p>\n<p>1614 En su predicaci\u00f3n, Jes\u00fas ense\u00f1\u00f3 sin ambig\u00fcedad el sentido original de la uni\u00f3n del hombre y la mujer, tal como el Creador la quiso al comienzo: la autorizaci\u00f3n, dada por Mois\u00e9s, de repudiar a su mujer era una concesi\u00f3n a la dureza del coraz\u00f3n (cf Mt 19,8); la uni\u00f3n matrimonial del hombre y la mujer es indisoluble: Dios mismo la estableci\u00f3: \u00ablo que Dios uni\u00f3, que no lo separe el hombre\u00bb (Mt 19,6).<\/p>\n<p>1615 Esta insistencia, inequ\u00edvoca, en la indisolubilidad del v\u00ednculo matrimonial pudo causar perplejidad y aparecer como una exigencia irrealizable (cf Mt 19,10). Sin embargo, Jes\u00fas no impuso a los esposos una carga imposible de llevar y demasiado pesada (cf Mt 11,29-30), m\u00e1s pesada que la Ley de Mois\u00e9s. Viniendo para restablecer el orden inicial de la creaci\u00f3n perturbado por el pecado, da la fuerza y la gracia para vivir el matrimonio en la dimensi\u00f3n nueva del Reino de Dios. Siguiendo a Cristo, renunciando a s\u00ed mismos, tomando sobre s\u00ed sus cruces (cf Mt 8,34), los esposos podr\u00e1n \u00abcomprender\u00bb (cf Mt 19,11) el sentido original del matrimonio y vivirlo con la ayuda de Cristo. Esta gracia del Matrimonio cristiano es un fruto de la Cruz de Cristo, fuente de toda la vida cristiana.<\/p>\n<p>1616 Es lo que el ap\u00f3stol Pablo da a entender diciendo: \u00abMaridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am\u00f3 a la Iglesia y se entreg\u00f3 a s\u00ed mismo por ella, para santificarla\u00bb (Ef 5,25-26), y a\u00f1adiendo enseguida: \u00ab\u00bbPor eso dejar\u00e1 el hombre a su padre y a su madre y se unir\u00e1 a su mujer, y los dos se har\u00e1n una sola carne\u00bb. Gran misterio es \u00e9ste, lo digo respecto a Cristo y a la Iglesia\u00bb (Ef 5,31-32).<\/p>\n<p>1617 Toda la vida cristiana est\u00e1 marcada por el amor esponsal de Cristo y de la Iglesia. Ya el Bautismo, entrada en el Pueblo de Dios, es un misterio nupcial. Es, por as\u00ed decirlo, como el ba\u00f1o de bodas (cf Ef 5,26-27) que precede al banquete de bodas, la Eucarist\u00eda. El Matrimonio cristiano viene a ser por su parte signo eficaz, sacramento de la alianza de Cristo y de la Iglesia. Puesto que es signo y comunicaci\u00f3n de la gracia, el matrimonio entre bautizados es un verdadero sacramento de la Nueva Alianza (cf Concilio de Trento, DS 1800; CIC can. 1055 \u00a7 2).<\/p>\n<p>La virginidad por el Reino de Dios<\/p>\n<p>1618 Cristo es el centro de toda vida cristiana. El v\u00ednculo con \u00c9l ocupa el primer lugar entre todos los dem\u00e1s v\u00ednculos, familiares o sociales (cf Lc 14,26; Mc 10,28-31). Desde los comienzos de la Iglesia ha habido hombres y mujeres que han renunciado al gran bien del matrimonio para seguir al Cordero dondequiera que vaya (cf Ap 14,4), para ocuparse de las cosas del Se\u00f1or, para tratar de agradarle (cf 1 Co 7,32), para ir al encuentro del Esposo que viene (cf Mt 25,6). Cristo mismo invit\u00f3 a algunos a seguirle en este modo de vida del que \u00c9l es el modelo:<\/p>\n<p>\u00abHay eunucos que nacieron as\u00ed del seno materno, y hay eunucos hechos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron tales a s\u00ed mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender, que entienda\u00bb (Mt 19,12).<\/p>\n<p>1619 La virginidad por el Reino de los cielos es un desarrollo de la gracia bautismal, un signo poderoso de la preeminencia del v\u00ednculo con Cristo, de la ardiente espera de su retorno, un signo que recuerda tambi\u00e9n que el matrimonio es una realidad que manifiesta el car\u00e1cter pasajero de este mundo (cf Mc 12,25; 1 Co 7,31).<\/p>\n<p>1620 Estas dos realidades, el sacramento del Matrimonio y la virginidad por el Reino de Dios, vienen del Se\u00f1or mismo. Es \u00c9l quien les da sentido y les concede la gracia indispensable para vivirlos conforme a su voluntad (cf Mt 19,3-12). La estima de la virginidad por el Reino (cf LG 42; PC 12; OT 10) y el sentido cristiano del Matrimonio son inseparables y se apoyan mutuamente:<\/p>\n<p>\u00abDenigrar el matrimonio es reducir a la vez la gloria de la virginidad; elogiarlo es realzar a la vez la admiraci\u00f3n que corresponde a la virginidad. Pero lo que por comparaci\u00f3n con lo peor parece bueno, no es bueno del todo; lo que seg\u00fan el parecer de todos es mejor que todos los bienes, eso s\u00ed que es en verdad un bien eminente\u00bb (San Juan Cris\u00f3stomo, De virginitate, 10,1; cf FC, 16).<\/p>\n<p>II. La celebraci\u00f3n del Matrimonio<\/p>\n<p>1621 En el rito latino, la celebraci\u00f3n del matrimonio entre dos fieles cat\u00f3licos tiene lugar ordinariamente dentro de la Santa Misa, en virtud del v\u00ednculo que tienen todos los sacramentos con el Misterio Pascual de Cristo (cf SC 61). En la Eucarist\u00eda se realiza el memorial de la Nueva Alianza, en la que Cristo se uni\u00f3 para siempre a la Iglesia, su esposa amada por la que se entreg\u00f3 (cf LG 6). Es, pues, conveniente que los esposos sellen su consentimiento en darse el uno al otro mediante la ofrenda de sus propias vidas, uni\u00e9ndose a la ofrenda de Cristo por su Iglesia, hecha presente en el Sacrificio Eucar\u00edstico, y recibiendo la Eucarist\u00eda, para que, comulgando en el mismo Cuerpo y en la misma Sangre de Cristo, \u00abformen un solo cuerpo\u00bb en Cristo (cf 1 Co 10,17).<\/p>\n<p>1622 \u00abEn cuanto gesto sacramental de santificaci\u00f3n, la celebraci\u00f3n del matrimonio [&#8230;] debe ser por s\u00ed misma v\u00e1lida, digna y fructuosa\u00bb (FC 67). Por tanto, conviene que los futuros esposos se dispongan a la celebraci\u00f3n de su matrimonio recibiendo el sacramento de la Penitencia.<\/p>\n<p>1623 Seg\u00fan la tradici\u00f3n latina, los esposos, como ministros de la gracia de Cristo, manifestando su consentimiento ante la Iglesia, se confieren mutuamente el sacramento del matrimonio. En las tradiciones de las Iglesias orientales, los sacerdotes \u2013Obispos o presb\u00edteros\u2013 son testigos del rec\u00edproco consentimiento expresado por los esposos (cf. CCEO, can. 817), pero tambi\u00e9n su bendici\u00f3n es necesaria para la validez del sacramento (cf CCEO, can. 828).<\/p>\n<p>1624 Las diversas liturgias son ricas en oraciones de bendici\u00f3n y de ep\u00edclesis pidiendo a Dios su gracia y la bendici\u00f3n sobre la nueva pareja, especialmente sobre la esposa. En la ep\u00edclesis de este sacramento los esposos reciben el Esp\u00edritu Santo como Comuni\u00f3n de amor de Cristo y de la Iglesia (cf. Ef 5,32). El Esp\u00edritu Santo es el sello de la alianza de los esposos, la fuente siempre generosa de su amor, la fuerza con que se renovar\u00e1 su fidelidad.<\/p>\n<p>III. El consentimiento matrimonial<\/p>\n<p>1625 Los protagonistas de la alianza matrimonial son un hombre y una mujer bautizados, libres para contraer el matrimonio y que expresan libremente su consentimiento. \u00abSer libre\u00bb quiere decir:<\/p>\n<p>\u2014 no obrar por coacci\u00f3n;<br \/>\n\u2014 no estar impedido por una ley natural o eclesi\u00e1stica.<\/p>\n<p>1626 La Iglesia considera el intercambio de los consentimientos entre los esposos como el elemento indispensable \u00abque hace el matrimonio\u00bb (CIC can. 1057 \u00a71). Si el consentimiento falta, no hay matrimonio.<\/p>\n<p>1627 El consentimiento consiste en \u00abun acto humano, por el cual los esposos se dan y se reciben mutuamente\u00bb (GS 48,1; cf CIC can. 1057 \u00a72): \u00abYo te recibo como esposa\u00bb \u2014 \u00abYo te recibo como esposo\u00bb (Ritual de la celebraci\u00f3n del Matrimonio, 62). Este consentimiento que une a los esposos entre s\u00ed, encuentra su plenitud en el hecho de que los dos \u00abvienen a ser una sola carne\u00bb (cf Gn 2,24; Mc 10,8; Ef 5,31).<\/p>\n<p>1628 El consentimiento debe ser un acto de la voluntad de cada uno de los contrayentes, libre de violencia o de temor grave externo (cf CIC can. 1103). Ning\u00fan poder humano puede reemplazar este consentimiento (CIC can. 1057 \u00a71). Si esta libertad falta, el matrimonio es inv\u00e1lido.<\/p>\n<p>1629 Por esta raz\u00f3n (o por otras razones que hacen nulo e inv\u00e1lido el matrimonio [cf. CIC can. 1095-1107]), la Iglesia, tras examinar la situaci\u00f3n por el tribunal eclesi\u00e1stico competente, puede declarar \u00abla nulidad del matrimonio\u00bb, es decir, que el matrimonio no ha existido. En este caso, los contrayentes quedan libres para casarse, aunque deben cumplir las obligaciones naturales nacidas de una uni\u00f3n precedente anterior (cf CIC, can. 1071 \u00a7 1, 3).<\/p>\n<p>1630 El sacerdote ( o el di\u00e1cono) que asiste a la celebraci\u00f3n del matrimonio, recibe el consentimiento de los esposos en nombre de la Iglesia y da la bendici\u00f3n de la Iglesia. La presencia del ministro de la Iglesia (y tambi\u00e9n de los testigos) expresa visiblemente que el Matrimonio es una realidad eclesial.<\/p>\n<p>1631 Por esta raz\u00f3n, la Iglesia exige ordinariamente para sus fieles la forma eclesi\u00e1stica de la celebraci\u00f3n del matrimonio (cf Concilio de Trento: DS 1813-1816; CIC can 1108). Varias razones concurren para explicar esta determinaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u2014 El matrimonio sacramental es un acto lit\u00fargico. Por tanto, es conveniente que sea celebrado en la liturgia p\u00fablica de la Iglesia.<br \/>\n\u2014 El matrimonio introduce en un ordo eclesial, crea derechos y deberes en la Iglesia entre los esposos y para con los hijos.<br \/>\n\u2014 Por ser el matrimonio un estado de vida en la Iglesia, es preciso que exista certeza sobre \u00e9l (de ah\u00ed la obligaci\u00f3n de tener testigos).<br \/>\n\u2014 El car\u00e1cter p\u00fablico del consentimiento protege el \u00abS\u00ed\u00bb una vez dado y ayuda a permanecer fiel a \u00e9l.<\/p>\n<p>1632 Para que el \u00abS\u00ed\u00bb de los esposos sea un acto libre y responsable, y para que la alianza matrimonial tenga fundamentos humanos y cristianos s\u00f3lidos y estables, la preparaci\u00f3n para el matrimonio es de primera importancia:<\/p>\n<p>El ejemplo y la ense\u00f1anza dados por los padres y por las familias son el camino privilegiado de esta preparaci\u00f3n.<\/p>\n<p>El papel de los pastores y de la comunidad cristiana como \u00abfamilia de Dios\u00bb es indispensable para la transmisi\u00f3n de los valores humanos y cristianos del matrimonio y de la familia (cf. CIC can 1063), y esto con mayor raz\u00f3n en nuestra \u00e9poca en la que muchos j\u00f3venes conocen la experiencia de hogares rotos que ya no aseguran suficientemente esta iniciaci\u00f3n:<\/p>\n<p>\u00abLos j\u00f3venes deben ser instruidos adecuada y oportunamente sobre la dignidad, tareas y ejercicio del amor conyugal, sobre todo en el seno de la misma familia, para que, educados en el cultivo de la castidad, puedan pasar, a la edad conveniente, de un honesto noviazgo, al matrimonio\u00bb (GS 49,3).<\/p>\n<p>Matrimonios mixtos y disparidad de culto<\/p>\n<p>1633 En numerosos pa\u00edses, la situaci\u00f3n del matrimonio mixto (entre cat\u00f3lico y bautizado no cat\u00f3lico) se presenta con bastante frecuencia. Exige una atenci\u00f3n particular de los c\u00f3nyuges y de los pastores. El caso de matrimonios con disparidad de culto (entre cat\u00f3lico y no bautizado) exige a\u00fan una mayor atenci\u00f3n.<\/p>\n<p>1634 La diferencia de confesi\u00f3n entre los c\u00f3nyuges no constituye un obst\u00e1culo insuperable para el matrimonio, cuando llegan a poner en com\u00fan lo que cada uno de ellos ha recibido en su comunidad, y a aprender el uno del otro el modo como cada uno vive su fidelidad a Cristo. Pero las dificultades de los matrimonios mixtos no deben tampoco ser subestimadas. Se deben al hecho de que la separaci\u00f3n de los cristianos no se ha superado todav\u00eda. Los esposos corren el peligro de vivir en el seno de su hogar el drama de la desuni\u00f3n de los cristianos. La disparidad de culto puede agravar a\u00fan m\u00e1s estas dificultades. Divergencias en la fe, en la concepci\u00f3n misma del matrimonio, pero tambi\u00e9n mentalidades religiosas distintas pueden constituir una fuente de tensiones en el matrimonio, principalmente a prop\u00f3sito de la educaci\u00f3n de los hijos. Una tentaci\u00f3n que puede presentarse entonces es la indiferencia religiosa.<\/p>\n<p>1635 Seg\u00fan el derecho vigente en la Iglesia latina, un matrimonio mixto necesita, para su licitud, el permiso expreso de la autoridad eclesi\u00e1stica (cf CIC can. 1124). En caso de disparidad de culto se requiere una dispensa expresa del impedimento para la validez del matrimonio (cf CIC can. 1086). Este permiso o esta dispensa supone que ambas partes conozcan y no excluyan los fines y las propiedades esenciales del matrimonio: adem\u00e1s, que la parte cat\u00f3lica confirme los compromisos \u2013tambi\u00e9n haci\u00e9ndolos conocer a la parte no cat\u00f3lica\u2013 de conservar la propia fe y de asegurar el Bautismo y la educaci\u00f3n de los hijos en la Iglesia Cat\u00f3lica (cf CIC can. 1125).<\/p>\n<p>1636 En muchas regiones, gracias al di\u00e1logo ecum\u00e9nico, las comunidades cristianas interesadas han podido llevar a cabo una pastoral com\u00fan para los matrimonios mixtos. Su objetivo es ayudar a estas parejas a vivir su situaci\u00f3n particular a la luz de la fe. Debe tambi\u00e9n ayudarles a superar las tensiones entre las obligaciones de los c\u00f3nyuges, el uno con el otro, y con sus comunidades eclesiales. Debe alentar el desarrollo de lo que les es com\u00fan en la fe, y el respeto de lo que los separa.<\/p>\n<p>1637 En los matrimonios con disparidad de culto, el esposo cat\u00f3lico tiene una tarea particular: \u00abPues el marido no creyente queda santificado por su mujer, y la mujer no creyente queda santificada por el marido creyente\u00bb ( 1 Co 7,14). Es un gran gozo para el c\u00f3nyuge cristiano y para la Iglesia el que esta \u00absantificaci\u00f3n\u00bb conduzca a la conversi\u00f3n libre del otro c\u00f3nyuge a la fe cristiana (cf. 1 Co 7,16). El amor conyugal sincero, la pr\u00e1ctica humilde y paciente de las virtudes familiares, y la oraci\u00f3n perseverante pueden preparar al c\u00f3nyuge no creyente a recibir la gracia de la conversi\u00f3n.<\/p>\n<p>IV. Los efectos del sacramento del Matrimonio<\/p>\n<p>1638 \u00abDel matrimonio v\u00e1lido se origina entre los c\u00f3nyuges un v\u00ednculo perpetuo y exclusivo por su misma naturaleza; adem\u00e1s, en el matrimonio cristiano los c\u00f3nyuges son fortalecidos y quedan como consagrados por un sacramento peculiar para los deberes y la dignidad de su estado\u00bb (CIC can 1134).<\/p>\n<p>El v\u00ednculo matrimonial<\/p>\n<p>1639 El consentimiento por el que los esposos se dan y se reciben mutuamente es sellado por el mismo Dios (cf Mc 10,9). De su alianza \u00abnace una instituci\u00f3n estable por ordenaci\u00f3n divina, tambi\u00e9n ante la sociedad\u00bb (GS 48,1). La alianza de los esposos est\u00e1 integrada en la alianza de Dios con los hombres: \u00abel aut\u00e9ntico amor conyugal es asumido en el amor divino\u00bb (GS 48,2).<\/p>\n<p>1640 Por tanto, el v\u00ednculo matrimonial es establecido por Dios mismo, de modo que el matrimonio celebrado y consumado entre bautizados no puede ser disuelto jam\u00e1s. Este v\u00ednculo que resulta del acto humano libre de los esposos y de la consumaci\u00f3n del matrimonio es una realidad ya irrevocable y da origen a una alianza garantizada por la fidelidad de Dios. La Iglesia no tiene poder para pronunciarse contra esta disposici\u00f3n de la sabidur\u00eda divina (cf CIC can. 1141).<\/p>\n<p>La gracia del sacramento del Matrimonio<\/p>\n<p>1641 \u00abEn su modo y estado de vida, los c\u00f3nyuges cristianos tienen su carisma propio en el Pueblo de Dios\u00bb (LG 11). Esta gracia propia del sacramento del Matrimonio est\u00e1 destinada a perfeccionar el amor de los c\u00f3nyuges, a fortalecer su unidad indisoluble. Por medio de esta gracia \u00abse ayudan mutuamente a santificarse en la vida conyugal y en la acogida y educaci\u00f3n de los hijos\u00bb (LG 11; cf LG 41).<\/p>\n<p>1642 Cristo es la fuente de esta gracia. \u00abPues de la misma manera que Dios en otro tiempo sali\u00f3 al encuentro de su pueblo por una alianza de amor y fidelidad, ahora el Salvador de los hombres y Esposo de la Iglesia, mediante el sacramento del Matrimonio, sale al encuentro de los esposos cristianos\u00bb (GS 48,2). Permanece con ellos, les da la fuerza de seguirle tomando su cruz, de levantarse despu\u00e9s de sus ca\u00eddas, de perdonarse mutuamente, de llevar unos las cargas de los otros (cf Ga 6,2), de estar \u00absometidos unos a otros en el temor de Cristo\u00bb (Ef 5,21) y de amarse con un amor sobrenatural, delicado y fecundo. En las alegr\u00edas de su amor y de su vida familiar les da, ya aqu\u00ed, un gusto anticipado del banquete de las bodas del Cordero:<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfDe d\u00f3nde voy a sacar la fuerza para describir de manera satisfactoria la dicha del matrimonio que celebra la Iglesia, que confirma la ofrenda, que sella la bendici\u00f3n, que los \u00e1ngeles proclaman, y el Padre celestial ratifica? [&#8230;].\u00a1Qu\u00e9 matrimonio el de dos cristianos, unidos por una sola esperanza, un solo deseo, una sola disciplina, el mismo servicio! Los dos hijos de un mismo Padre, servidores de un mismo Se\u00f1or; nada los separa, ni en el esp\u00edritu ni en la carne; al contrario, son verdaderamente dos en una sola carne. Donde la carne es una, tambi\u00e9n es uno el esp\u00edritu (Tertuliano, Ad uxorem 2,9; cf. FC 13).<\/p>\n<p>V. Los bienes y las exigencias del amor conyugal<\/p>\n<p>1643 \u00abEl amor conyugal comporta una totalidad en la que entran todos los elementos de la persona \u2014reclamo del cuerpo y del instinto, fuerza del sentimiento y de la afectividad, aspiraci\u00f3n del esp\u00edritu y de la voluntad\u2014; mira una unidad profundamente personal que, m\u00e1s all\u00e1 de la uni\u00f3n en una sola carne, conduce a no tener m\u00e1s que un coraz\u00f3n y un alma; exige la indisolubilidad y la fidelidad de la donaci\u00f3n rec\u00edproca definitiva; y se abre a fecundidad. En una palabra: se trata de caracter\u00edsticas normales de todo amor conyugal natural, pero con un significado nuevo que no s\u00f3lo las purifica y consolida, sino las eleva hasta el punto de hacer de ellas la expresi\u00f3n de valores propiamente cristianos\u00bb (FC 13).<\/p>\n<p>Unidad e indisolubilidad del matrimonio<\/p>\n<p>1644 El amor de los esposos exige, por su misma naturaleza, la unidad y la indisolubilidad de la comunidad de personas que abarca la vida entera de los esposos: \u00abDe manera que ya no son dos sino una sola carne\u00bb (Mt 19,6; cf Gn 2,24). \u00abEst\u00e1n llamados a crecer continuamente en su comuni\u00f3n a trav\u00e9s de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la rec\u00edproca donaci\u00f3n total\u00bb (FC 19). Esta comuni\u00f3n humana es confirmada, purificada y perfeccionada por la comuni\u00f3n en Jesucristo dada mediante el sacramento del Matrimonio. Se profundiza por la vida de la fe com\u00fan y por la Eucarist\u00eda recibida en com\u00fan.<\/p>\n<p>1645 \u00abLa unidad del matrimonio aparece ampliamente confirmada por la igual dignidad personal que hay que reconocer a la mujer y el var\u00f3n en el mutuo y pleno amor\u00bb (GS 49,2). La poligamia es contraria a esta igual dignidad de uno y otro y al amor conyugal que es \u00fanico y exclusivo.<\/p>\n<p>La fidelidad del amor conyugal<\/p>\n<p>1646 El amor conyugal exige de los esposos, por su misma naturaleza, una fidelidad inviolable. Esto es consecuencia del don de s\u00ed mismos que se hacen mutuamente los esposos. El aut\u00e9ntico amor tiende por s\u00ed mismo a ser algo definitivo, no algo pasajero. \u00abEsta \u00edntima uni\u00f3n, en cuanto donaci\u00f3n mutua de dos personas, as\u00ed como el bien de los hijos exigen la fidelidad de los c\u00f3nyuges y urgen su indisoluble unidad\u00bb (GS 48,1).<\/p>\n<p>1647 Su motivo m\u00e1s profundo consiste en la fidelidad de Dios a su alianza, de Cristo a su Iglesia. Por el sacramento del matrimonio los esposos son capacitados para representar y testimoniar esta fidelidad. Por el sacramento, la indisolubilidad del matrimonio adquiere un sentido nuevo y m\u00e1s profundo.<\/p>\n<p>1648 Puede parecer dif\u00edcil, incluso imposible, atarse para toda la vida a un ser humano. Por ello es tanto m\u00e1s importante anunciar la buena nueva de que Dios nos ama con un amor definitivo e irrevocable, de que los esposos participan de este amor, que les conforta y mantiene, y de que por su fidelidad se convierten en testigos del amor fiel de Dios. Los esposos que, con la gracia de Dios, dan este testimonio, con frecuencia en condiciones muy dif\u00edciles, merecen la gratitud y el apoyo de la comunidad eclesial (cf FC 20).<\/p>\n<p>1649 Existen, sin embargo, situaciones en que la convivencia matrimonial se hace pr\u00e1cticamente imposible por razones muy diversas. En tales casos, la Iglesia admite la separaci\u00f3n f\u00edsica de los esposos y el fin de la cohabitaci\u00f3n. Los esposos no cesan de ser marido y mujer delante de Dios; ni son libres para contraer una nueva uni\u00f3n. En esta situaci\u00f3n dif\u00edcil, la mejor soluci\u00f3n ser\u00eda, si es posible, la reconciliaci\u00f3n. La comunidad cristiana est\u00e1 llamada a ayudar a estas personas a vivir cristianamente su situaci\u00f3n en la fidelidad al v\u00ednculo de su matrimonio que permanece indisoluble (cf FC; 83; CIC can 1151-1155).<\/p>\n<p>1650 Hoy son numerosos en muchos pa\u00edses los cat\u00f3licos que recurren al divorcio seg\u00fan las leyes civiles y que contraen tambi\u00e9n civilmente una nueva uni\u00f3n. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (\u00abQuien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aqu\u00e9lla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio\u00bb: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como v\u00e1lida esta nueva uni\u00f3n, si era v\u00e1lido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situaci\u00f3n que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comuni\u00f3n eucar\u00edstica mientras persista esta situaci\u00f3n, y por la misma raz\u00f3n no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliaci\u00f3n mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida m\u00e1s que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia.<\/p>\n<p>1651 Respecto a los cristianos que viven en esta situaci\u00f3n y que con frecuencia conservan la fe y desean educar cristianamente a sus hijos, los sacerdotes y toda la comunidad deben dar prueba de una atenta solicitud, a fin de que aquellos no se consideren como separados de la Iglesia, de cuya vida pueden y deben participar en cuanto bautizados:<\/p>\n<p>\u00abExh\u00f3rteseles a escuchar la Palabra de Dios, a frecuentar el sacrificio de la misa, a perseverar en la oraci\u00f3n, a incrementar las obras de caridad y las iniciativas de la comunidad en favor de la justicia, a educar sus hijos en la fe cristiana, a cultivar el esp\u00edritu y las obras de penitencia para implorar de este modo, d\u00eda a d\u00eda, la gracia de Dios\u00bb (FC 84).<\/p>\n<p>La apertura a la fecundidad<\/p>\n<p>1652 \u00abPor su naturaleza misma, la instituci\u00f3n misma del matrimonio y el amor conyugal est\u00e1n ordenados a la procreaci\u00f3n y a la educaci\u00f3n de la prole y con ellas son coronados como su culminaci\u00f3n\u00bb (GS 48,1):<\/p>\n<p>\u00abLos hijos son el don m\u00e1s excelente del matrimonio y contribuyen mucho al bien de sus mismos padres. El mismo Dios, que dijo: \u00abNo es bueno que el hombre est\u00e9 solo (Gn 2,18), y que hizo desde el principio al hombre, var\u00f3n y mujer\u00bb (Mt 19,4), queriendo comunicarle cierta participaci\u00f3n especial en su propia obra creadora, bendijo al var\u00f3n y a la mujer diciendo: \u00abCreced y multiplicaos\u00bb (Gn 1,28). De ah\u00ed que el cultivo verdadero del amor conyugal y todo el sistema de vida familiar que de \u00e9l procede, sin dejar posponer los otros fines del matrimonio, tienden a que los esposos est\u00e9n dispuestos con fortaleza de \u00e1nimo a cooperar con el amor del Creador y Salvador, que por medio de ellos aumenta y enriquece su propia familia cada d\u00eda m\u00e1s\u00bb (GS 50,1).<\/p>\n<p>1653 La fecundidad del amor conyugal se extiende a los frutos de la vida moral, espiritual y sobrenatural que los padres transmiten a sus hijos por medio de la educaci\u00f3n. Los padres son los principales y primeros educadores de sus hijos (cf. GE 3). En este sentido, la tarea fundamental del matrimonio y de la familia es estar al servicio de la vida (cf FC 28).<\/p>\n<p>1654 Sin embargo, los esposos a los que Dios no ha concedido tener hijos pueden llevar una vida conyugal plena de sentido, humana y cristianamente. Su matrimonio puede irradiar una fecundidad de caridad, de acogida y de sacrificio.<\/p>\n<p>VI. La Iglesia dom\u00e9stica<\/p>\n<p>1655 Cristo quiso nacer y crecer en el seno de la Sagrada Familia de Jos\u00e9 y de Mar\u00eda. La Iglesia no es otra cosa que la \u00abfamilia de Dios\u00bb. Desde sus or\u00edgenes, el n\u00facleo de la Iglesia estaba a menudo constituido por los que, \u00abcon toda su casa\u00bb, hab\u00edan llegado a ser creyentes (cf Hch 18,8). Cuando se convert\u00edan deseaban tambi\u00e9n que se salvase \u00abtoda su casa\u00bb (cf Hch 16,31; 11,14). Estas familias convertidas eran islotes de vida cristiana en un mundo no creyente.<\/p>\n<p>1656 En nuestros d\u00edas, en un mundo frecuentemente extra\u00f1o e incluso hostil a la fe, las familias creyentes tienen una importancia primordial en cuanto faros de una fe viva e irradiadora. Por eso el Concilio Vaticano II llama a la familia, con una antigua expresi\u00f3n, Ecclesia domestica (LG 11; cf. FC 21). En el seno de la familia, \u00ablos padres han de ser para sus hijos los primeros anunciadores de la fe con su palabra y con su ejemplo, y han de fomentar la vocaci\u00f3n personal de cada uno y, con especial cuidado, la vocaci\u00f3n a la vida consagrada\u00bb (LG 11).<\/p>\n<p>1657 Aqu\u00ed es donde se ejercita de manera privilegiada el sacerdocio bautismal del padre de familia, de la madre, de los hijos, de todos los miembros de la familia, \u00aben la recepci\u00f3n de los sacramentos, en la oraci\u00f3n y en la acci\u00f3n de gracias, con el testimonio de una vida santa, con la renuncia y el amor que se traduce en obras\u00bb (LG 10). El hogar es as\u00ed la primera escuela de vida cristiana y \u00abescuela del m\u00e1s rico humanismo\u00bb (GS 52,1). Aqu\u00ed se aprende la paciencia y el gozo del trabajo, el amor fraterno, el perd\u00f3n generoso, incluso reiterado, y sobre todo el culto divino por medio de la oraci\u00f3n y la ofrenda de la propia vida.<\/p>\n<p>1658 Es preciso recordar asimismo a un gran n\u00famero de personas que permanecen solteras a causa de las concretas condiciones en que deben vivir, a menudo sin haberlo querido ellas mismas. Estas personas se encuentran particularmente cercanas al coraz\u00f3n de Jes\u00fas; y, por ello, merecen afecto y solicitud diligentes de la Iglesia, particularmente de sus pastores. Muchas de ellas viven sin familia humana, con frecuencia a causa de condiciones de pobreza. Hay quienes viven su situaci\u00f3n seg\u00fan el esp\u00edritu de las bienaventuranzas sirviendo a Dios y al pr\u00f3jimo de manera ejemplar. A todas ellas es preciso abrirles las puertas de los hogares, \u00abiglesias dom\u00e9sticas\u00bb y las puertas de la gran familia que es la Iglesia. \u00abNadie se sienta sin familia en este mundo: la Iglesia es casa y familia de todos, especialmente para cuantos est\u00e1n \u00abfatigados y agobiados\u00bb (Mt 11,28)\u00bb (FC 85).<\/p>\n<p>Resumen<\/p>\n<p>1659 San Pablo dice: \u00abMaridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am\u00f3 a la Iglesia [&#8230;]Gran misterio es \u00e9ste, lo digo con respecto a Cristo y la Iglesia\u00bb (Ef 5,25.32).<\/p>\n<p>1660 La alianza matrimonial, por la que un hombre y una mujer constituyen una \u00edntima comunidad de vida y de amor, fue fundada y dotada de sus leyes propias por el Creador. Por su naturaleza est\u00e1 ordenada al bien de los c\u00f3nyuges as\u00ed como a la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de los hijos. Entre bautizados, el matrimonio ha sido elevado por Cristo Se\u00f1or a la dignidad de sacramento (cf. GS 48,1; CIC can. 1055, \u00a71).<\/p>\n<p>1661 El sacramento del Matrimonio significa la uni\u00f3n de Cristo con la Iglesia. Da a los esposos la gracia de amarse con el amor con que Cristo am\u00f3 a su Iglesia; la gracia del sacramento perfecciona as\u00ed el amor humano de los esposos, reafirma su unidad indisoluble y los santifica en el camino de la vida eterna (cf. Concilio de Trento: DS 1799).<\/p>\n<p>1662 El matrimonio se funda en el consentimiento de los contrayentes, es decir, en la voluntad de darse mutua y definitivamente con el fin de vivir una alianza de amor fiel y fecundo.<\/p>\n<p>1663 Dado que el matrimonio establece a los c\u00f3nyuges en un estado p\u00fablico de vida en la Iglesia, la celebraci\u00f3n del mismo se hace ordinariamente de modo p\u00fablico, en el marco de una celebraci\u00f3n lit\u00fargica, ante el sacerdote (o el testigo cualificado de la Iglesia), los testigos y la asamblea de los fieles.<\/p>\n<p>1664 La unidad, la indisolubilidad, y la apertura a la fecundidad son esenciales al matrimonio. La poligamia es incompatible con la unidad del matrimonio; el divorcio separa lo que Dios ha unido; el rechazo de la fecundidad priva la vida conyugal de su \u00abdon m\u00e1s excelente\u00bb, el hijo (GS 50,1).<\/p>\n<p>1665 Contraer un nuevo matrimonio por parte de los divorciados mientras viven sus c\u00f3nyuges leg\u00edtimos contradice el plan y la ley de Dios ense\u00f1ados por Cristo. Los que viven en esta situaci\u00f3n no est\u00e1n separados de la Iglesia pero no pueden acceder a la comuni\u00f3n eucar\u00edstica. Pueden vivir su vida cristiana sobre todo educando a sus hijos en la fe.<\/p>\n<p>1666 El hogar cristiano es el lugar en que los hijos reciben el primer anuncio de la fe. Por eso la casa familiar es llamada justamente \u00abIglesia dom\u00e9stica\u00bb, comunidad de gracia y de oraci\u00f3n, escuela de virtudes humanas y de caridad cristiana.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>EL SACRAMENTO DEL MATRIMONIO 1601 \u00abLa alianza matrimonial, por la que el var\u00f3n y la mujer constituyen entre s\u00ed un consorcio de toda la vida, ordenado por su misma \u00edndole natural al bien de los c\u00f3nyuges y a la generaci\u00f3n y educaci\u00f3n de la prole, fue elevada por Cristo Nuestro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":2775,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":"","_links_to":"","_links_to_target":""},"categories":[18],"tags":[],"translation":{"provider":"WPGlobus","version":"2.12.2","language":"es","enabled_languages":["fr","pt","es","it","en"],"languages":{"fr":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"pt":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"es":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"it":{"title":true,"content":true,"excerpt":false},"en":{"title":true,"content":true,"excerpt":false}}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2536"}],"collection":[{"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2536"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2536\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media\/2775"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2536"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2536"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/equipes-notre-dame.com\/es\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2536"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}